Mi amigo y hermano en la fe cristiana Omar Calero ha publicado varios artículos en medios locales atacando a la Iglesia católica, principalmente por ciertas prácticas aunque también en menor medida por algunas doctrinas. Sus artículos me sorprenden porque es miembro de la comunidad bautista, apreciada por ser una prestigiosa denominación cristiana histórica, caracterizada por aportar excelentes servicios a la comunidad, siendo sus líderes personas con una buena formación, respetuosos y de espíritu ecuménico. Por eso tales artículos resultan extraños, como si fueran desempolvados de épocas superadas cuando católicos y protestantes nos enfrentábamos descalificándonos mutuamente.
Es cierto que hoy proliferan muchas sectas cargadas de fanatismo y agresivas contra la Iglesia católica. Generalmente sus dirigentes tienen muy poca o ninguna formación y tratan de ganar adeptos atacando al catolicismo. Algunas sectas incluso son más bien negocios o estafas religiosas que manipulan las emociones de la gente sencilla. Pero no es el caso de los bautistas, anglicanos, moravos y otras iglesias respetables. Con el protestantismo histórico los católicos hoy nos llevamos muy bien y crece el ecumenismo sobre todo en acciones concretas guiadas por nuestros respectivos pastores. En Nicaragua esto se vive más en el Atlántico que en el Pacífico, pues los hermanos evangélicos del Atlántico provienen más del protestantismo histórico que de las sectas fanáticas que proliferan en el Pacífico.
Con nuestros hermanos evangélicos de las iglesias históricas compartimos la Santa Biblia y una misma fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la encarnación de Jesús de la Virgen María, en su muerte redentora, en su resurrección, en la segunda venida de Cristo, en el juicio final, en la salvación o condenación eternas y en otras verdades fundamentales. Sobre todo creemos que debemos predicar el Evangelio para salvar a las personas del pecado, de la injusticia, del egoísmo, de los vicios, de la desesperanza, de la maldad que anida en los corazones.
La Iglesia católica no enseña adoración alguna a la Virgen María ni a los santos, mucho menos a sus imágenes. Se ha explicado ampliamente la diferencia entre “representar”, “venerar” y “adorar” y recordamos cómo Dios mandó a colocar dos ángeles en el Arca de la Alianza y una imagen de serpiente en el desierto. En todo caso, más que atacar de idólatras a los católicos deberíamos juntos atacar las grandes idolatrías que hacen verdadero daño esclavizando al mundo: la idolatría del dinero, del poder, de la vanidad o del placer.
Seguramente entre algunos católicos se dan desviaciones —más que nada por ignorancia— y eso hay que corregirlo. También hemos cometido —católicos y evangélicos— errores históricos que han sido superados y humildemente reconocidos. Pero no volvamos al triste pasado escandaloso de ataques entre hermanos pues son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Reconozcámonos cristianos en la fe que nos une y respetémonos en las diferencias. Hagamos nuestra la oración de Jesús: “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste”. (Juan 17. 21).
El autor es abogado, periodista y escritor.
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