Durante más de una década, intelectuales, poetas y fotógrafos acompañaron al grupo de pintores Praxis en su manifiesto, reuniones, exposiciones y revistas, hasta su desaparición con el terremoto de 1972.
Sus huellas vividas con intensidad quedaron escritas en la historia de la pintura nicaragüense.
Amaru Barahona fue uno de esos intelectuales que conoció en Europa al pintor de lo matérico Alejandro Aróstegui, cuando regresaron se unieron con el guatemalteco César Izquierdo, los tres firman en julio de 1963 el famoso Manifiesto Praxis que sentaría las bases de un movimiento de pintores vinculados al arte social y crítico.
“El Manifiesto que redacté fue el resultado de una reflexión y consenso colectivo. Jugó un papel de texto cohesionador y orientador del quehacer artístico y existencial de cada uno de nosotros”, recuerda cincuenta años después Barahona, radicado en Costa Rica.
Al valorar del aporte de Praxis, dice fue “haber sacado del provincialismo la pintura nicaragüense”, tarea iniciada años antes por el maestro Rodrigo Peñalba y Armando Morales, y que continuaron paralelamente en los años siguientes como grupo que vinculó su arte a la sociedad, la crítica, el cuestionamiento a lo decorativo y burgués.
“Eran mis amigos, participaba en las discusiones, colaboraba en lo que podía; también trabajaba en la Escuela de Bellas Artes. Esta época fue muy importante para las artes plásticas en Nicaragua”, recuerda el escritor Carlos Alemán Ocampo.
Textos suyos aparecieron publicados en La Prensa Literaria, algunos con su firma, otros no. Una de esas entrevistas a Alejandro Aróstegui fue publicada en La Prensa Literaria Centroamericana. Eran los años en que los pintores jóvenes se agruparon bajo el liderazgo de Aróstegui y seguían los éxitos de Morales en el exterior, sus paletas se llenaron de nuevas formas expresivas al experimentar con el informalismo y abstraccionismo, de boga en España y América.
También vivieron el oleaje del grupo español El Paso, que tenía su propio manifiesto sobre el arte social.
Al respecto el historiador Jorge Eduardo Arellano en su nota Praxis y su significación, publicada en el libro Historia de la Pintura Nicaragüense, afirma que este grupo experimentaba con “una pintura matérica, austera en imágenes y con nivel crítico y social”.
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TRAS EL BRÍO DE PEÑALBA
Mayo de 1963, dos meses ante de la firma del Manifiesto, el pintor Armando Morales y el dibujante Leoncio Sáenz exponen obras junto a 160 artistas en la Gran Exposición Arte de España y América, inaugurada en el Palacio de Velásquez y Cristal del Retiro, en Madrid.
El fotógrafo Samuel Barreto escribe una nota cultural poniendo en la mira internacional al nuevo arte nicaragüense, la envía a Pablo Antonio Cuadra quien la publica en el Suplemento Dominical (literario) de La Prensa, a finales de julio.
Este mismo año Morales con su obra Invierno, óleo y collage, gana el Premio de Adquisición J.L Hudson X Company en la Exhibición Internacional de Pintura y Escultura de Pittsburgh, celebrado en Carnegie Institute. En octubre de 1964 exhibe en la galería Bonino, de Nueva York.
Para entonces el maestro Rodrigo Peñalba contaba con un grupo de jóvenes pintores que posteriormente formarían Praxis. Como pintor había participado entre 1948 y 1957 en varias exposiciones colectivas, en Caracas, y en Washington con la Unión Panamericana.
La crítica Marta Traba reconoce en uno de sus escritos la corta carrera de Peñalba pintor, y destaca su labor magisterial que marcaría a estos jóvenes que fundaron su propia galería. Los logros de estos dos maestros, Peñalba y Morales, motivarían al joven grupo a buscar sus propias glorias desde la modernidad del arte, con elementos de lo indigenista, nacional, y universal.
REORGANIZACIÓN Y FIN
“En el ambiente de la plástica nicaragüense de los años setenta no había un liderazgo y se me ocurrió la reorganización de Praxis. Hablé con Leonel Vanegas, Michelle Najlis, Orlando Sobalvarro y Amaru Barahona, estaban escépticos, al final dijeron que sí”, revela el poeta Francisco de Asís Fernández.
Motivados decidieron editar dos números de la Revista Praxis, la primera en agosto de 1971, la segunda en mayo de 1972, ambas bajo la dirección el pintor Alejandro Aróstegui, y Orlando Sobalvarro como editor artístico. Recibió asesoría literaria de Fernando Gordillo, quien formaba parte del grupo Ventana.
La revista apuntaba al análisis histórico, coyuntural, reflexión cultural, social y política. Se publicaron textos sobre arqueología y esculturas precolombinas, del hermano Hidelberto María, fotografías de Barreto sobre pinturas y la basura de Acahualinca; poemas de Beltrán Morales y Leonel Rugama, escritos sobre pintura y escultura de Aróstegui, Sáenz y Sobalvarro.
“Teníamos círculos de estudios y exposiciones de diversos temas. Una vez expuse sobre la decadencia en el arte, vista por diversos autores como Walter Benjamín, crítico literario y social”, añade Asís.
Entre las mujeres que frecuentaban al grupo Praxis estaba la poeta Michelle Najlis, quien les ayudaba en los montajes de las exposiciones, en foros debates, y en la revista al publicar textos sobre arte, cine o poemas.
“Estos foros fueron un terremoto intelectual porque cuestionábamos el entorno cultural y político. Después participamos de una manifestación en una actividad del primero de mayo, Día de los Trabajadores”, recuerda Najlis.
Como pintores, los Praxis, organizaron varias exposiciones, recuerda Asís. El pintor Aróstegui, tenía un estudio que convirtió en la nueva Galería Praxis, ubicada en el callejón El Riguero, destruida en el terremoto de Managua, del 23 de diciembre de 1972. Esto vendría a ser el fin del grupo Praxis.
Sobre ese trágico día, el poeta Asís cuenta la siguiente anécdota: “Vanegas se despierta pegando gritos: ¡Alejandro, Alejandro nos está bombardeando la Guardia! y que era el vergazo del terremoto”. Luego ríe a carcajadas para cerrar la página de esta historia.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B


