Edgard Rodríguez
Zona de Strikes
La magia proyectada por el desempeño de Everth Cabrera, en medio de una campaña más próxima a lo excepcional que a lo ordinario, se esfumó bruscamente.
Cabrera se equivocó al recurrir a una sustancia prohibida independientemente de la intención que lo movió a esa decisión. Ahí violó una norma establecida.
Y nadie hace más daño al deporte que el atleta que se droga y el entorno que lo anima a hacerlo. Se afecta la igualdad de oportunidades y se adultera la competencia.
Incluso, aún cuando nos movamos dentro de un sistema corrupto, tenemos la obligación de anhelar hacer lo correcto. Pero es ahí donde más nos equivocamos.
Por eso, al menos yo, no me siento en capacidad de señalar a Cabrera, muchacho por el que he sentido admiración y respeto, algo que no variará ahora.
Mi punto es: no justifico a Cabrera. Se equivocó y ahora paga las consecuencias. Pero en lugar de destruirlo, más bien me gustaría poder animarlo a levantarse y luchar.
Es una pena que la carrera de Everth se vea empañada por este asunto, porque estoy entre los testigos de su trabajo para lograr lo que tiene y lo que le falta alcanzar.
Pero también porque como diría Shaskespeare, “antes de criticar, examínate” y todos tenemos algo de lo cual no estamos orgullosos. Somos humanos y fallamos.
Detrás de este muchacho, que ha violado una ley, hay un hombre sometido a una exigencia durísima y a un futuro incierto, pero ahora seguro aprendió la lección.
Solo esperamos que ahora, en lugar de sentarse a lamentarse, despliegue todo su esfuerzo para reparar el daño que ha hecho, que es sobre todo a él mismo.
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