La discusión sobre la supremacía económica mundial ha vuelto a resurgir con fuerza llegando algunos economistas a pronosticar que dentro de tres años el PIB de China superará al de EE. UU., tomando en cuenta el poder de compra entre ambos países. En 2012 el PIB nominal de los EE. UU. casi duplicaba al de China (US$$15.7 billones de vs. US$$8.2 billones de dólares), según los datos del Fondo Monetario Internacional.
China ha experimentado desaceleración económica en los últimos dos años y medio y EE. UU. como nos dice Andrés Oppenheimer en su artículo del 20 de julio 2013 en el Diario LA PRENSA “ se está convirtiendo en un país disfuncional: políticamente, está haciendo el ridículo con sus últimos escándalos de espionaje internacional, mientras económica y tecnológicamente está resurgiendo a una velocidad asombrosa.
Se resume el renacimiento económico del país en el reciente estudio de Merrill Lynch titulado: “Un mundo en transformación” en tres factores: Una creciente independencia energética, un sector manufacturero más competitivo y un mayor liderazgo tecnológico”.
Tecnológicamente según “ datos de la Oficina de Patentes y Marcas de los EE. UU. se muestra que las empresas e inventores individuales (de este país), registraron 134,200 patentes en 2012, seguidos muy de lejos por Japón con 52,800, Alemania con 15,000 y Corea del Sur con 14,200. China registro 6,000 patentes, India 1,700. Brasil registró 256 patentes, México 152, Argentina 67, Chile 28, Venezuela 26 y Colombia 16”.
En los próximos cinco años, EE. UU. representará una tercera parte de los nuevos suministros de petróleo, tal como indica la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Esta mayor oferta de crudo en los EE. UU. se traducirá en menores costos para sus empresas.
En materia comercial, en junio 2013, el Presidente de los EE. UU., Barack Obama, recibió en la Casa Blanca al presidente peruano, Ollanta Humala; al mandatario chileno, Sebastián Piñera, y a inicios de mayo visitó México y Costa Rica en donde se reunió con los países miembros del SICA. Por su lado el vicepresidente Biden visitó Colombia, Brasil y Trinidad y Tobago.
Casi simultáneamente (entre el 31 de mayo y el 8 de junio), el presidente chino Xi Jinping visitó Trinidad y Tobago, Costa Rica, México y Estados Unidos. Tácticamente los mandatarios de EE. UU. y China “coquetean” con Latinoamérica, pero en donde la guerra comercial mundial se está librando de manera estratégica es a través de dos Acuerdos comerciales que ha impulsado EE. UU. en los cuales se ha excluido a China. Estos son el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP por sus siglas en ingles) y el Área de Libre Comercio Trasatlántico (TAFTA, por sus siglas en inglés).
El TPP estaría conformado por 12 países: Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam, Perú y México y Japón. En conjunto representan el 40 por ciento del PIB mundial, el 27 por ciento de las importaciones y el 24 por ciento de las exportaciones del orbe.
El TAFTA que une a la Unión Europa (UE), con EE. UU. representa la mitad del PIB mundial, incluye a un tercio del comercio mundial y entre ellos son sus primeros socios comerciales. Dicho de otra forma, con ambos Tratados EE. UU. se inserta económica y comercialmente con el 90 por ciento del PIB mundial.
Barack Obama ha ligado el TAFTA y el TPP cuando menciona que “para impulsar las exportaciones estadounidenses, promover empleos en Estados Unidos y nivelar el campo de juego en los mercados en crecimiento de Asia, tenemos la intención de completar las negociaciones sobre el TPP y poner en marcha las conversaciones sobre un amplio comercio transatlántico y de inversiones con la Unión Europea, porque el comercio libre y justo a través del Atlántico creara millones de empleos estadounidenses bien remunerados.
A lo antes mencionado hay que sumarle los acuerdos ya alcanzados entre Japón y la UE, entre Corea del Sur y Estados Unidos, y solo así se comprenderá por qué los chinos no la tienen fácil para convertirse en la futura potencia económica mundial. China está siendo rodeada de tratados comerciales que la excluyen, disminuyendo su competitividad.
Esta es la nueva guerra fría del siglo XXI entre el subestimado liberalismo económico de los EE. UU. vs. el sobrestimado capitalismo de Estado de China.
Ante esta nueva guerra fría habría que preguntarse ¿en dónde nos conviene ubicarnos? El autor es catedrático universitario de la Thomas More.
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