Gran recuerdo el de Celia Cruz (1923-2003) con su inolvidable, vivaz expresión: ¡azúcar!, aclamada en el mundo especialmente en el reciente décimo aniversario de su fallecimiento. En una entrevista realizada muchos años antes de su desaparición le preguntaron el significado de su invariable: Azúcar, pero ni ella misma sabía por qué mencionaba esa palabra con tanto ánimo y entusiasmo que ponía a bailar a cualquiera, solamente dijo: “Un día se me ocurrió”.
Pero la vida es un carnaval, a través del tiempo muchas veces he pensado en la palabra azúcar dicha por la guarachera de todos los tiempos. Hablemos un poco sobre esta dulzura:
Azúcar es el cristalizado blanco, granulado fino para endulzar postres, licores y delicias al paladar, extraído principalmente de la caña de azúcar, lo que me hace recordar que Cuba país natal de Celia fue gran exportador de este producto. Los antiguos y famosos cañaverales cubanos fueron testigo de la negritud esclava. En los primeros años de Revolución los cortadores de caña con machete en mano, eran vistos como héroes por el sudor y esfuerzo físico ante la dificultad que eso representaba. Existen variedades en el azúcar, no toda es blanca ni transparente, está el azúcar moreno o negro, refiriéndose al grano sin refinar, en Nicaragua se llama dulce de rapadura o tapa.
El azúcar ha sido siempre símbolo delicioso, melosidad en las palabras, quizás por eso la cantante lo decía con tanta alegría, también con su: Melao de Caña. Sin duda Celia vivió azucarada, metafóricamente se le podría llamar azucarera humana, recipiente de carne y hueso para guardar azúcar. Acaso la mágica palabra le recordaba su Cuba natal con nostalgia y prefería dulcificar la memoria.
El adecuado consumo de azúcar puede calmar la ansiedad, produce energía, tranquiliza y proporciona otros beneficios para la salud. Cada vez que a los niños les regalan un dulce se sienten premiados (una mala costumbre a mi parecer), se obsequian cajas de dulces, chocolates, cajetas en señal de amistad o enamoramiento.
L
amentablemente esta espléndida azúcar es también aditiva, provoca diabetes, esa enfermedad mortal, pandemia mundial. Engorda, causa problemas gástricos, descompone el páncreas, creo que afecta al cerebro porque interrumpe la absorción de proteínas y nutrientes que producen mala nutrición y paulatinamente afecta las neuronas según informaciones médicas.
Sin embargo, con todos sus beneficios y problemas, ampliamente conocidos, jamás hubiera podido imaginar, ni en mis cuentos de ficción que este material tan blanco y exquisito, pudiera servir de envoltura para ocultar armas posiblemente peligrosas o inservibles como asegura el gobierno cubano. Pensar que un barco norcoreano las transportaba clandestinamente para su reparación en Corea del Norte y posteriormente regresarlas a Cuba es una posición muy difícil de creer. Tratar de que el barco cruzara el Canal de Panamá hasta el lejano país norcoreano cargando un contrabando de armas parece una burda explicación.
Esta noticia ya ha dado la vuelta al mundo, Panamá está investigando a marineros del barco y llamando a expertos internacionales en armas. El expresidente colombiano Uribe tiene otra versión: ha dicho que el destino de las armas era Ecuador, para de allí hacerlas llegar a las FARC en Colombia. ¿Pero no hubiera sido más creíble hacer el traslado desde otro país más cercano? Son muchas interrogantes.
En todo caso yo no pretendo ser experta en tráfico internacional ni analista política. Prefiero deleitarme con el bolero: Tu voz susurro de palmas y aplaudir el ¡Azúcar! de nuestra Celia Cruz, quizás una palabra profética. La autora es Escritora nicaragüense
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