Se engaña solo quien así lo quiere, pero aunque crispe pelos Nicaragua tiene al Frente Sandinista y a su líder Daniel Ortega para muchísimo tiempo en el poder. Para la ignorancia y la ceguera política, decir esto equivale a estar del otro lado porque hay quienes prefieren que diga que tienen la razón, aunque lo que hagan sea solamente el ridículo.
Aburrió a estas alturas el anémico discurso de la falta de institucionalidad en el país y del control absoluto del poder por el partido gobernante en boca de falsos opositores, que hicieron de estos temas una llave exclusiva para tener presencia en los medios y no un argumento para tejer la tan demandada “unidad” de esa gran cantidad de archipiélagos de siglas y personas que se nos pintan como los nuevos “salvadores de la patria o paladines de la libertad”.
Debo decir con toda claridad que Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán son un estorbo para que los factores dispersos se junten. Pero también debo decir que el liberalismo, aun sin esas dos paredes, es poco o nada lo que puede hacer porque su verdadera lucha al fin y al cabo no es contra Daniel Ortega.
La cuesta que debe remontar la estructura sobre la cual deba construirse una verdadera oposición es enorme. Lo primero que hay que realizar es que esos que viven hablando de que aquí vivimos una dictadura y que nada de lo que se hace sirve, es que están atrasados 12 años en el trabajo organizativo, mientras el partido en el poder nos lleva otros 12 adelante. Es decir estamos lejos de tener un instrumento que al menos haga cosquillas al poder que nos gobierna.
En ese sentido el liberalismo o quienes deban dar el paso a la constitución de una verdadera oposición debe tomar conciencia que los alacranes en la camisa son los personalismos, las posiciones mesiánicas, el egoísmo, la intolerancia, la vanidad, el orgullo, la hipocresía, la insolvencia moral, el miedo, el menosprecio de los unos contra los otros y en síntesis, el “yo dictador” que muchos llevan en su corazón.
El liberalismo como base primaria de cualquier otro proyecto de expansión unitario debe luchar para que sus “patrones” se aparten y nuevas raíces surjan y propongan ideas interesantes y divorciadas del esquema vencido de los “opositores profesionales”.
El liberalismo debe disponerse a tomar decisiones que le devuelvan un poco de dignidad, como por ejemplo abstenerse de ir a las elecciones regionales y perder el temor por el quite de esas personerías jurídicas que solo han servido para anchar distancias entre los constitucionalistas e independientes.
Aunque no sea agradable asimilarlo, hoy no se está luchando contra Daniel Ortega sino contra la opinión mayoritaria de aquellos nicaragüenses que según las encuestas lo tienen arriba del 70 por ciento de las preferencias. No se lucha contra el FSLN sino contra más de 40 proyectos sociales que han cambiado la percepción de lo que fue aquella noche oscura en la década de los ochenta; no se lucha contra una dictadura sino contra la propuesta de unos gigantescos megaproyectos que han endulzado el oído hasta del más pesimista; no se lucha contra el “socialismo, cristiano y solidario” sino contra una buena economía producto del entendimiento dialogado entre los gobernantes y empresarios.
Así las cosas hay que entender que a Daniel Ortega y al FSLN no se les vencerá jamás “con lo que las gallinas ponen”, pues representan la fuerza, sino con “inteligencia” y eso nuestra oposición, pregunto: ¿Dónde la podrá comprar? El autor es liberal y periodista.
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