Perla Ramírez
Luego de la trágica y violenta madrugada del sábado 22 de junio en la que fueron aterrorizados a golpes, insultos, amenazas y humillaciones varios jóvenes del recién surgido movimiento social virtual #OcupaInss quienes su única motivación para reunirse y movilizarse fue apoyar a los miembros de la UNAM (Unión Nacional del Adulto Mayor) en su justa demanda por la aprobación de una pensión reducida de vejez, me permito con sumo respeto y admiración preguntarles ¿valió la pena? Se lo pregunto no solo a los jóvenes de #OcupaInss, quienes fueron las principales víctimas del planificado y ejecutado “operativo” de esa siniestra madrugada, la pregunta va también para todo aquel ciudadano que siguió, se conmovió y llegó a enfurecerse al ver los indignantes y lamentables sucesos que se fueron dando día a día en torno a la protesta de los ancianos y a las múltiples manifestaciones de apoyo que estos recibieron.
La interrogante no es para aquellos individuos que no tuvieron la mínima apreciación por el valor de la vida de otro semejante y carecen por completo de respeto a la libertad que todo ser humano tiene de pensar diferente, de defender sus propios ideales y hacer valer sus derechos, no se espera que puedan tener alguna respuesta que justifique esa planeada arremetida.
Según testimonios de algunos jóvenes de #OcupaInss además de haber sido torturados y secuestrados, fueron también asaltados y despojados de sus pertenencias con garrote en mano por vándalos encapuchados quienes arrasaron con todo lo que encontraron a su paso en el improvisado campamento que se instaló cerca del edificio del INSS. El detonante de este ataque fue ver la reacción inmediata de muchos nicaragüenses que acudieron al llamado de auxilio que los adultos mayores hicieron a la población al verse solos, agredidos y desprotegidos, sin nada que comer o beber y con serios problemas de salud mientras permanecían en su protesta.
¿Valió la pena? que estos jóvenes de #OcupaInss sin conocerse muchos de ellos lograran a través de las redes sociales organizarse como un movimiento social para luego unirse, convirtiéndose horas más tarde en un gran escudo humano que defendía a los ancianos de quienes paradójicamente tienen como misión proteger la vida, la integridad y la seguridad de las personas para el libre ejercicio de sus derechos como ciudadanos?
¿Valió la pena? que estos jóvenes hayan puesto en peligro sus vidas por ser leales no a una figura o a un símbolo, sino a sus principios y valores, a su conciencia social que no les permite aceptar las injusticias y abusos, a su esencia humana de compadecerse ante el clamor de hombres y mujeres frágiles e indefensos que en ningún momento fueron parte de algún plan para atentar contra la seguridad nacional.
Cada quien tendrá su propia respuesta a esta pregunta, lo cierto es que los responsables que cometieron esos hechos delictivos de agresión, persecución, amenazas y robo continúan aún en la impunidad, mientras tanto las voces de las víctimas que piden se les haga justicia continúan siendo ignoradas.
El #J22 no se les olvidará ni a ustedes ni a nosotros. La autora es Periodista.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A