Por la víspera se saca el día: el empresario chino a quien el gobierno de Ortega le ha entregado la soberanía en la ignominiosa e inconstitucional concesión canalera, garantizándole cualquier riesgo de su inversión con las reservas del Banco Central, tiene tan escaso conocimiento de nuestra geografía, que en la primera conferencia de prensa que dio en Pekín para ilustrar como sería el Canal, puso un mapa distorsionado del país, al revés, que nadie lograba entender.
Cuando finalmente el mapa se puso al derecho semanas después, luego que un agudo observador descifró el enigma, mostraba que el Canal pasaría por el Río San Juan, la única ruta que ha sido oficialmente descartada. Pero el “genio” chino de Wang Jing fue mas allá, indicando con precisión, antes de que inicien los estudios de factibilidad técnica, financiera y ambiental y se conozca por donde pasaría, que el megacanal tendrá 286 kilómetros de largo, 520 metros de ancho por 26.7 metros de profundidad. ¿Cómo lo sabe? Si aún no se han hecho los estudios.
Solo imaginar esa gigantesca zanja dividiendo al país en dos y el megadesastre ambiental que se produciría al excavar el lecho lacustre del Cocibolca es inconcebible. Ya los científicos como el doctor Jaime Incer y el doctor Salvador Montenegro lo han señalado con propiedad: las aguas del gran lago quedarían inservibles para el consumo humano y tan opacas, que no soportarían la vida de la mayoría de las especies existentes en la actualidad. El lago, la mayor reserva de agua potable de Centroamérica y nuestra mayor riqueza natural, literalmente se convertiría en un lodazal.
Como si fuera poco, el mega dragado, a lo largo de los ochenta kilómetros sobre las aguas del lago para llevar su profundidad de un promedio de nueve metros a los 26.7 metros de Wang Jing, por 520 metros de anchura, debe de ser un proceso permanente, porque la zanja se tiende a azolvar rápidamente con las corrientes lacustres generadas por los fuertes vientos del noreste.
Ni pensar en el megadesastre ambiental que se produciría cuando uno de estos gigantescos buques se salga del cauce y derrame el petróleo de sus compartimentos sobre las aguas del Cocibolca, que tendrían un destino más negro que las del Xolotlán o Tiscapa. Tal parece que ni Ortega ni mucho menos, Wang Jing, han aprendido la lección de la historia.
Los puentes que serían necesarios para unir al país, al menos cuatro diría yo, deberán ser de una altura y una dimensión tal (necesaria para permitir el tránsito de los supertanqueros de 400 metros de eslora y 20 pisos de alto), que el puente sobre el río San Juan, en construcción actualmente, sería una caricatura.
Mientras se inician los estudios de factibilidad que podrían tomar dos años, ya Wang Jing ha nombrado al ingeniero jefe de la obra, el australiano Niel Murchie Lodge. Es decir, no se sabe si va a haber Canal y ya se nombró al constructor.
Ni siquiera se sabe si una vez hechos los estudios y en el caso de que el mega sueño fuera viable, Wang Jing con su novel empresa HKND, lograrán levantar el capital necesario para iniciar los trabajos y el Gobierno ya ha lanzado dos torpedos hacia el principal mercado de capitales: los Estados Unidos.
En primer lugar: el irresponsable ofrecimiento de asilo político a Edward Snowden, que con solo que venga de paseo a Nicaragua en agradecimiento por este acto una vez que deje su asilo “provisional” en Rusia, traería consecuencias económicas imprevisibles para el país. Los grandes capitales son lo más cobarde del mundo y lo más sensible a lo que llaman el “riesgo país”.
En segundo lugar: el no otorgamiento del waiver de transparencia que, aunque su efecto haya sido minimizado por el Gobierno, sí cuenta para el movimiento de grandes capitales, cuya relación con el Gobierno de los Estados Unidos es siempre muy fluida y cordial.
Los millones por los que dicen que HKND ha contratado a una prestigiosa firma de relaciones para hacer “lobby” en los Estados Unidos con el fin de levantar al menos parte de los 40,000 millones de dólares que costaría el proyecto canalero, serían un desperdicio al estrellarse contra estas dos esclusas que el mismo Gobierno ha levantado. El autor es diputado ante la Asamblea Nacional y presidente de la Comisión de Turismo.
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