Encadenados por los brazos, un grupo de jóvenes con bandanas tapándoles parte del rostro lideraban la protesta, que se inició frente a la residencia del gobernador de Rio, Sergio Cabral, el más impopular de Brasil (12 por ciento), en el acomodado barrio de Leblón, a 6.5 km de Copacabana.
Los manifestantes permanecían sobre la avenida que bordea el mar, mientras en la arena grupos de peregrinos bailaban y cantaban. La Policía, que buscó bloquear el paso de la manifestación, terminó escoltándola.
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Las banderas de todos los países de donde proceden los asistentes fueron llevadas al palco, donde se celebrará la vigilia el sábado y la misa del domingo con la que concluirá la JMJ.
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Juan Lara/Rio de Janeiro/EFE
Un millón de jóvenes, según el Vaticano, de 190 países dieron anoche la bienvenida al papa en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en una festiva ceremonia en Copacabana, Río de Janeiro, en la que Francisco pidió a los muchachos que pongan a Cristo en sus vidas.
El papa también les puso en guardia ante la tentación de ponerse en el centro y de creer que solos construyen sus vidas y que el tener, el dinero y el poder es lo que da la felicidad. “Pero no es así. El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. ¡“Pon a Cristo en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado!”.
El papa Francisco, que sorprendió cuando empezó a pronunciar buena parte de su discurso en español, les aseguró a los jóvenes que pongan fe y sus vidas tendrán un sabor nuevo.
En esa línea señaló que la fe lleva a cabo en la vida de los hombres una revolución “copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios”. “La fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza, esperanza. Aparentemente no cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, todo cambia. En nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo y nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios”, precisó.
El obispo de Roma también les exhortó a no tener miedo a pedir perdón a Dios. “El no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos ama. ¡Dios es pura misericordia!”.
El papa Bergoglio llegó al encuentro en el papamóvil, en el que recorrió todo el paseo marítimo de Copacabana, de cuatro kilómetros de largo, hasta el lugar donde estaba levantado el palco, en un costado de la playa. Miles de jóvenes le acompañaron en el trayecto, creando una sugestiva imagen de procesión. Francisco sonriente y feliz, besó a niños, saludó a jóvenes y no dudó en quitarse el solideo y cambiarlo por otro que le entregó un joven sacerdote.
El obispo de Roma señaló que la JMJ vuelve por segunda vez a América Latina, tras el encuentro de Buenos Aires de 1978, y recordó que esta cita de Río de Janeiro la convocó Benedicto XVI, al que envió un saludo en medio de un fuerte aplauso y los gritos de “Benedicto, Benedicto”. El papa contó que antes de venir a Río se reunió con Benedicto XVI y le pidió que le acompañara con la oración. El papa emérito se lo garantizó y le dijo que seguiría la JMJ por televisión. “Así que ahora nos está viendo“, afirmó.
El arzobispo de Río de Janeiro, Orani Joao Tempesta subrayó que la presencia de Francisco fortalece a los jóvenes, muchos de ellos entristecidos “en un mundo de consumismo, egoísmo, desigualdades y falsas alegrías”.
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