A los nicaragüenses no nos gusta que se nos compare con nadie y menos con los ticos. Pero ante la terquedad de los hechos, como diría Lenin, no nos queda más recurso que analizar brevemente cuáles son los resultados de las dos revoluciones que convulsionaron a la región centroamericana en el siglo XX: la costarricense en 1948 y la nicaragüense en 1979.
La primera, encabezada por José Figueres Ferrer, “Don Pepe” cómo le llamábamos cariñosamente sus amigos, y la segunda, liderada por los nueve comandantes de la Revolución Popular Sandinista. La primera surgió como producto de un fraude electoral realizado en contra de don Otilio Ulate por el gobierno de don Teodoro Picado, y la segunda como respuesta al continuismo dinástico de la familia Somoza que oprimió y reprimió durante 45 años al sufrido pueblo nicaragüense. Veamos ahora cómo se desarrollaron los hechos y cuáles son los resultados de estos dos acontecimientos históricos:
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En Costa Rica: Figueres toma el poder el 18 de abril de 1948. Se compromete a respetar la Constitución y las Garantías Sociales; salvaguarda la vida y hacienda de todos los ciudadanos comprometidos en el conflicto; se nombra Presidente provisional al ingeniero Santos Luis Herrera por 18 días y luego asume el Consejo de Gobierno con el nombre de Junta Fundadora de la Segunda República, que reordenará el país durante 18 meses para entregarle el poder al candidato víctima del fraude, don Otilio Ulate. Se convoca a una Asamblea Nacional Constituyente; se elimina el Ejército para convertir los cuarteles en escuelas; se implementan las bases para un código electoral moderno que garantice para el futuro verdaderas elecciones libres y se reafirma el compromiso de mantener y mejorar las Garantías Sociales en beneficio de las grandes mayorías de la población. La revolución costarricense es de inspiración socialdemócrata.
En Nicaragua: los nueve comandantes de la Revolución asumen todos los poderes del Estado el 19 de julio de 1979. Nombran una Junta de Gobierno que les sirve de fachada mientras ellos concentran todo el poder real. Comienza el éxodo de más de 300 mil nicaragüenses temerosos de perder vida y hacienda; delegados del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) viajan a Cuba para formalizar la llegada al país de miles de asesores cubanos y de la Unión Soviética; violan sistemáticamente los acuerdos con la OEA y Derechos Humanos; confiscan mansiones somocistas que pasan a ser propiedad de los jerarcas sandinistas (quítate tú para ponerme yo); aumenta la represión contra los medios de comunicación social; contra los partidos de oposición y contra las iglesias cristianas; se crea el Servicio Militar Obligatorio y miles de jóvenes perecen o tienen que huir ante la persecución contra ellos desatada. La revolución nicaragüense es de orientación marxista- leninista.
Quiero hacer notar una diferencia fundamental entre las dos revoluciones: en la tica su liderazgo siempre estuvo preocupado por respetar la ley, mientras que en la nicaragüense su comportamiento fue muy parecido a los hunos de Atila, que llegaron para destruir y no para construir. Y he aquí algunos de los resultados: hoy Costa Rica ocupa el 32 lugar en Desarrollo Humano, mientras Nicaragua ocupa el 108 entre 151 naciones computadas. Costa Rica va a exportar este año cerca de 15 mil millones de dólares, mientras que Nicaragua con más territorio y con una población mayormente trabajadora, apenas se está acercando a los cuatro mil millones de dólares. Seguimos a la par de Haití, siendo el segundo país más pobre del continente americano.
En consecuencia: mientras la revolución costarricense se enrumbó por los caminos del progreso; la alternabilidad en el poder, la democracia y la libertad, conducida por verdaderos estadistas, la nicaragüense, al enrumbarse por los caminos del totalitarismo marxista-leninista, conducida por una cáfila de aventureros codiciosos, hizo retroceder al país 50 años y aún hoy se presenta como un obstáculo ominoso para los deseos de justicia y libertad del pueblo nicaragüense. Nuestros compatriotas siguen en el abandono y en el atraso, viviendo nada más de las ilusiones que la familia Ortega-Murillo y sus corifeos se encargan de propalar cada vez que se acercan las farsas que ellos llaman elecciones, como el “cuento chino” del Canal Interoceánico, que al decir de prestigiosos comentaristas internacionales está en los cuernos de la Luna, porque nadie con dos dedos de frente va a participar en una inversión de 40 mil millones de dólares en un país cuyas autoridades están seriamente cuestionadas. Los nicaragüenses debemos despertar de ese letargo en que nos encontramos y vivir de realidades y no de sueños. El autor es periodista y Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).
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