Las poco discretas artimañas utilizadas desde el siglo XIV hasta la actualidad para estilizar y erguir la silueta, conforme a las exigencias de la época, la moda y la moral del momento, se revelan en una exposición en París.
La mécanique des dessous , que puede visitarse hasta el próximo 24 de noviembre en el Museo de Artes Decorativas, exhibe más de doscientas piezas entre corsés, corpiños, miriñaques, cinturones de estómago, guardainfantes, fajas o incluso los recientes “push up”.
Estas prendas interiores no se presentan como simple lencería, sino como verdaderas máquinas, estructuradas y elaboradas deliberadamente para dibujar un contorno femenino seductor o para evidenciar el poder de una nobleza erecta frente al pueblo “pomposo y redondo”.
“La aristocracia, y más tarde la burguesía, ansiaba el ideal de superioridad y por eso reforzó su indumentaria con armaduras u otros mecanismos que fomentaban la rectitud y la verticalidad”, declaró a Efe el comisario de la muestra, Denis Bruna.
Precisamente, los trajes de las últimas décadas de la Edad Media, expuestos en la capital francesa, permiten intuir una conciencia más concreta de la silueta y por lo tanto una predilección por las piezas que disimulaban, disfrazaban o enmascaraban el cuerpo.
En la línea medieval femenina imperaba el “bliaud”, un vestido largo y ancho, aunque ajustado a la altura de la cintura, que sostenía y realzaba el pecho, mientras que los hombres proclamaban su envergadura con artilugios tan técnicos y artificiales como el jubón.
“Los tratados de belleza publicados a partir del siglo XVI determinaban que las mujeres debían ser hermosas y los varones viriles. Así que ellas, para dar forma a su cuerpo, escondían la parte inferior con enaguas y faldas, y enfatizaban el pecho, el cuello y el rostro”, explicó Bruna.
¡LIBERTAD!
Los corpiños de varillas y los miriñaques que se estilaron a partir de esta época delineaban una silueta muy singular, casi enteramente recreada por la ropa interior, y proponían un contorno abstracto en el que se desvanecía cualquier huella de naturalidad.
No obstante, a finales del siglo XVIII la futura “ciudadana” empezó a reclamar la libertad de formas, en cuanto a la vestimenta, para disfrutar de una libertad del ser más amplia.
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