El pasado 11 de julio se cumplieron 120 años de la revolución liberal, ideología política que ha dominado la mayor parte de nuestra vida republicana teniendo en su haber la mayor cantidad de presidentes que han gobernado nuestra nación. Los errores de sus dirigentes, la sumisión de sus cuadros intermedios a las imposiciones del líder de turno, unidas al distanciamiento de las necesidades del pueblo, han hecho que hoy sea una ideología política en peligro de extinción. La época en que el pueblo, sin importar condición social, económica o religiosa votaba rojo, se acabó. Hoy, quienes se proclaman orgullosamente liberales son un grupúsculo aglutinado en una caricatura de partido que se hace llamar Partido Liberal Constitucionalista (PLC), liderado por un personaje que, a juicio del setenta y siete por ciento de los nicaragüenses, es el responsable de nuestras desventuras presentes y futuras. Esto, unido a que apenas el cuatro por ciento se considera PLC, debería ser suficiente razón para abrirles los ojos a los que todavía creen que con eslóganes engañosos podrán embaucarnos. La reciente invitación de volver a casa era inaceptable además de una ofensa a la inteligencia.
Por el otro lado tenemos a un partido que jamás fue de masas, pero que su militancia con justo orgullo se proclamaba la reserva moral del liberalismo. Me refiero al Partido Liberal Independiente (PLI). La verdad es que es imposible escribir la historia de Nicaragua sin mencionar tantos héroes y mártires que ha dado ese partido a la nación. Por mencionar unos cuantos, quién no recuerda al doctor Donoso Montealegre curando heridos durante el repliegue del 79, la gesta de Rigoberto López o el martirologio del doctor Lacayo Farfán. El destello de gloria que le vimos en las elecciones del 2012 desgraciadamente ha quedado sepultado por los errores políticos de su actual liderazgo, quien se ha ganado a pulso el 71 por ciento de opinión negativa que le acompaña. Esto ha hecho que a la pregunta de: ¿es usted liberal independiente? menos del cuatro por ciento responde afirmativamente.
Una simple suma de la opinión del pueblo sobre los dos partidos liberales que sobreviven, nos da un resultado menor del diez por ciento. Lo que los convierte en poco menos que insignificantes o incapaces de lograr o generar cambios en la sociedad. Para muchos, la hora de la sociedad civil sin apellidos ni colores políticos ha llegado. El hecho de que en la última farsa electoral más del cincuenta por ciento del pueblo le dio la espalda, quedándose en sus casas, debería ser motivo de alegría, ya que esto demuestra que estamos en vías de recuperar nuestra conciencia crítica, que ya aprendimos a reconocer los falsos liderazgos, por ende es una demostración que estamos más que conscientes de la falta de democracia que padecemos. Si revisamos nuestra historia encontraremos más de una situación parecida a la que hoy enfrentamos, igualmente en ella encontraremos más de una forma en que en su época fueron resueltas las infamias de quienes convirtieron sus gobiernos en autoritarios, corruptos y violadores de nuestros derechos humanos. Unamos esas voluntades, compartámoslas con quienes hoy son el futuro de la nación y muy pronto volveremos a escuchar el grito de ¡viva Nicaragua libre! acompañado por el repiquetear de las campanas de nuestras parroquias. El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y es actualmente miembro del PLI.
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