Wendy Álvarez Hidalgo
I ENTREGA
Hace una década para producir una manzana de arroz de riego el campesino destinaba sesenta dólares en el pago de energía. Hoy de los 1,500 dólares que se invierten para cultivar este grano, 300 dólares son para ese fin. Este ejemplo —de uno de los sectores que provee uno de los alimentos básicos de la dieta nicaragüense— confirma que el alto costo de la energía continúa siendo el “talón de Aquiles” de la matriz productiva del país.
En todos los sectores el peso de la energía en los costos de producción es mayor al diez por ciento, y en el caso de las pequeñas y medianas empresas este peso puede llegar a representar hasta un treinta por ciento, en hoteles y restaurantes, por ejemplo.
Y aunque en los últimos siete años Nicaragua ha hecho un gran esfuerzo para transformar su matriz energética hasta lograr que hoy más del 40 por ciento provenga de fuentes renovables, lo cierto es que la factura energética sigue pesando en la producción, que al final es asumido por los consumidores. Eso impide, según admiten representantes de diversos sectores, que los bienes de consumo lleguen más baratos al mercado nacional en detrimento del poder adquisitivo.
Danilo Cortez, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de Arroceros (Anar), explica que sin duda reducir la incidencia de la energía en los costos de producción representa uno de los mayores retos del sector, pero que esto no es una tarea fácil, porque aunque se hagan esfuerzos para ser más eficientes en el sector arrocero, todo depende de la tarifa oficial, que de por sí es alta.
“El problema es que nosotros movemos las bombas con diesel o electricidad. Nosotros nos movemos al ritmo del petróleo y por eso nuestros costos han venido subiendo, subiendo, y nada indica que esa tendencia vaya a variar a la baja”, enfatiza Cortez.
Esa constante variación al alza en la tarifa eléctrica explica en parte el movimiento de precio del arroz y otros productos. Los registros históricos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) reflejan que en septiembre de 2007 una libra de arroz se vendía en 0.33 dólares (6.1 córdobas, al tipo de cambio de ese momento) y para abril de este año se compraba en 0.44 dólares (10. 73 córdobas ), es decir que en casi siete años el grano se ha incrementado casi un 33 por ciento.
A este choque energético no está exento el tradicional acompañante del arroz: la carne. La energía representa el 15 por ciento del total de los costos de producción de la industria cárnica, que requiere de esa fuente para electricidad, refrigeración, producción de vapor a base de búnker y gas, y combustibles para los sistemas de distribución del producto.
Juan Sebastián Chamorro, presidente de la Cámara Nicaragüense de Plantas Exportadoras de Carne Bovina (Canicarne), sostiene que después de la materia prima (ganado en pie), la energía es el segundo mayor peso de la industria.
Pero lo que más lamenta Chamorro es que esa carga sea la más pesada en toda la región, pese a que Nicaragua es el principal productor de carne en Centroamérica, y por tanto ese alto costo energético le resta competitividad al sector.
¿Qué hacen para ser más eficientes? Aunque se hagan esfuerzos de inversión en maquinarias y mejorar los procesos productivos, Chamorro coincide con Cortez de que el alivio debe comenzar por la tarifa energética nacional.
“Estamos invirtiendo en la utilización de biomasa para generar vapor. Plantas como Macesa y El Nueva Carnic estamos trabajando en biodigestores, para producir energía a base de estiércol. Se está comprando equipos y calderas más eficientes”, ejemplificó. En los últimos cinco años, las cuatro plantas industriales han invertido unos 50 millones de dólares para elevar la eficiencia.
Aún así, la libra de posta de res, por ejemplo, ha pasado de 1.76 dólares (32.9 córdobas) en septiembre de 2007 a 2.29 (56 córdobas) dólares a abril de este año, según registros oficiales. Es decir que en casi siete años este producto se ha incrementado un 30 por ciento, en parte por las constantes alzas en la energía.
Según el estudio Centroamérica: Impactos de los choques petroleros y eficiencia de los mercados de hidrocarburos, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Nicaragua y Honduras registran “el más alto porcentaje de gasto en petróleo y sus derivados sobre el ingreso per cápita, en comparación con el resto de los países de la región, a pesar de que son los países que muestran los más bajos niveles de ingreso per cápita”.
COMERCIO RESIENTE
A nivel de Centroamérica, Nicaragua tiene la tarifa eléctrica más alta en el sector residencial e industrial y la segunda en comercio. Eduardo Fonseca, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Nicaragua (Caconic), dice que sin duda el mayor freno para crecer es el alto costo energético que en el caso del comercio puede llegar a representar el 15 por ciento, una carga bastante “pesada” si se menciona también que la planilla laboral de un negocio representa solo el cinco por ciento de los costos de operación.
El mayor cuestionamiento que hace el representante del comercio es que pagan la tarifa más alta respecto al resto de actividades económicas, lo que consideran un castigo al sector pese a que aportan “una buena parte” del caudal de impuestos.
Esta es una queja que comparte el directivo del Consejo Nicaragüense de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Conimipyme), Gilberto Alcócer, quien apunta que la situación empeora para pymes vinculadas al turismo, como hoteles y restaurantes, donde generalmente no existen prácticas de ahorros por parte de los usuarios de servicios.
Menciona, por ejemplo, que en los hoteles los clientes dejan encendidos los aires acondicionados cuando están fuera de las habitaciones, costo que luego se traslada a la tarifa final de los servicios.
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