Adolfo Acevedo Vogl
Economista
La especialización en “commodities” de bajo valor agregado y baja elasticidad ingreso de la demanda se ha reflejado, tal como lo predijo Raúl Prebish hace más de sesenta años, en una tendencia a largo plazo al deterioro de los términos del intercambio, que opera en detrimento de los países que concentran un alto porcentaje de sus exportaciones en este tipo de productos.
Sin embargo, en medio de esta tendencia de largo plazo al deterioro de los términos del intercambio de las commodities, pueden identificarse grandes ciclos de auge y caída de los precios de las mismas. En cada uno de estos ciclos, el precio relativo de las commodities experimentó un fuerte auge, que posteriormente fue seguido por una marcada declinación, y tras cada ciclo, el precio relativo de las commodities tendió a caer a un nivel inferior al punto más bajo del ciclo anterior.
A lo largo de esta década se ha estado viviendo una fase de auge, esta vez asociada al proceso de industrialización y urbanización de los grandes países emergentes, en especial de China y la India, que ha conllevado un consumo más elevado de materias primas, en conjunto con el rápido crecimiento de su ingreso per cápita y el cambio a una dieta más intensiva en el consumo de cereales, carnes y leche, ha dado lugar a un fuerte incremento en la demanda mundial de petróleo, minerales y alimentos.
Como resultado, el precio internacional de estos productos ha estado experimentando una fase de fuertes incrementos.
A este auge de precios han contribuido la conversión de las commodities en el campo de la especulación financiera, la conversión de áreas anteriormente destinadas a la producción de alimentos, a la producción de biocombustibles, y una serie de shocks que han afectado la oferta de alimentos en el mercado internacional.
Pero en el último año parecen estarse produciendo algunas transiciones importantes. China ha completado en lo fundamental su proceso de industrialización y urbanización, y después de tres décadas de un crecimiento muy rápido, basado en altísimas tasas de inversión, inició el tránsito hacia ritmos de crecimiento bastante menores que los observados en las décadas previas.
Este hecho se está reflejando en la demanda de este inmenso país por productos básicos. En el último año, las tasas de crecimiento interanual de las importaciones chinas de commodities han sido negativas. Este hecho, en conjunto con los ritmos de crecimiento desacelerados de las economías desarrolladas, se ha reflejado en la declinación, o al menos en el aplanamiento de los precios de los productos básicos.
Es así que, por ejemplo, el precio internacional promedio mensual del café al mes de junio de 2013 se había reducido en 54 por ciento desde su pico de 302 centavos de dólar por libra, alcanzado en marzo de 2011. El precio promedio mensual de importación del azúcar por parte de los Estados Unidos se había reducido en 51.4 por ciento desde su pico de 40.4 centavos de dólar por libra de febrero de 2011.
El oro, que llegó a cotizarse a casi 1,800 dólares la onza en agosto-septiembre de 2011, ha caído por debajo de los 1,300 dólares.
Por distintas razones el precio del petróleo no ha acompañado esta tendencia a la declinación, atrapando a los países que exportan productos básicos no petroleros en una verdadera “tijera de precios”, con los precios de muchos de sus principales rubros de exportación a la baja, y los precios de los hidrocarburos importados sin ceder.
Debido al peso de los productos básicos en las exportaciones de Nicaragua, esto se ha traducido en una caída en el valor de las exportaciones al mes de mayo de casi el siete por ciento, en contraste con las altas tasas de crecimiento de dos dígitos de los años del boom en el precio de las commodities. Las importaciones también se han desacelerado marcadamente, contrayéndose en términos reales. Según datos del Banco Central, la economía se está desacelerando.
Por supuesto, en algunos casos el precio de los productos básicos aún se encuentra por encima del promedio de las décadas anteriores, y podríamos estar en presencia de un nuevo piso, la mitad más bajo, aunque aún por encima de periodos anteriores; pero el impacto sobre el dinamismo en el crecimiento del valor de las exportaciones, de su poder adquisitivo y del ingreso nacional, ya es inocultable.
Sería desventurado que el país llegase a experimentar el final de otra fase de auge en el precio de sus exportaciones sin haber modernizado y diversificado su estructura productiva y exportadora.
Lejos de ello, la dinámica económica del país está reflejando la existencia de un tipo de cambio estructural que bloquea el proceso de desarrollo. Por un lado, la estructura exportadora no se ha diversificado mucho respecto a la que exista hace medio siglo, y su reciente dinamismo estuvo basado en el mencionado auge de precios.
Por otro lado, la fuerte disminución en la participación de la agricultura en el empleo total no se ha reflejado en la diversificación del empleo hacia actividades de mayor densidad tecnológica, mayor valor agregado, elevados encadenamientos y alto dinamismo de la demanda, sino fundamentalmente hacia actividades de muy baja productividad como los servicios informales y en particular el comercio informal, lo cual produjo la caída de la productividad registrada en las últimas décadas.