Roger G. Fischer
Con mucha indignación observo cómo las dictaduras de izquierda en Latinoamérica respiran cada vez con mayor fuerza ante los abusos de sus gobernantes, es vergonzoso cómo en la última década muy inteligente e ingeniosamente han manipulado la democracia y sus principios. Se han convertido en figuras absolutas, han manoseado las instituciones, han convertido los poderes en “sus poderes”, han convertido los patrimonios nacionales en “sus patrimonios”, han convertido los ejércitos nacionales en “sus ejércitos”, se han aliado entre ellos para “defender sus democracias”, la impunidad de los abusos es degradante y lo peor es que va in crescendo.
Lo que está sucediendo en Venezuela es aterrador, con un gobierno inconstitucional desde sus mismas raíces naturales, el abuso continuo valiéndose de una falsa democracia, desde la invención de conspiraciones hasta el insulto rabioso y arrogante de sus dirigentes queriendo opacar la atención de su propia realidad social y económica. Un país con una gran solvencia natural, bendecido por el petróleo o maldecido por el mismo, según la óptica. Un país que obsequia a sus “aliados democráticos” su mejor haber, y es bien recibido por la izquierda amiga como un gesto de solidaridad donde solo ellos mismos saben lo que ocultan y las tramas que se esconden.
El proceso de paz que atraviesa Colombia y sus negociaciones con el grupo terrorista de la FARC se ha visto afectado enormemente por la influencia del gobierno bolivariano de Venezuela, es una vergüenza que el gobierno del señor Nicolás Maduro recrimine al gobierno legal y democráticamente constituido del presidente Santos por una entrevista con Henrique Capriles en Bogotá, y desde una posición todopoderosa haga alarde de insultos y amenazas al proceso de paz, haciendo uso del chantaje y la intimidación.
Soy un hijo parido del vientre de la patria Nicaragua, es para mí repudiable que estos abusos de la izquierda sobrepasen los extremos; que los llamados “padres de la patria” comprometan nuestra soberanía anteponiendo los intereses de nuestra Nicaragua, por el interés del gobernante Ortega y su controversial señora y primera dama. Una cosa es tener la posibilidad de construir un canal interoceánico y querer mitigar la pobreza y fomentar el desarrollo, y otra es comprometer nuestra soberanía, nuestro medioambiente, nuestra propia identidad para beneficio de estos depredadores políticos de izquierda.
Me duele cómo la izquierda, ocultándose en el populismo, penicilina de la pobreza, arremete sin misericordia y nos arrebata diariamente “esa América nuestra que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió”, y hablan del capitalismo salvaje cuando ellos salvajemente abusan desde sus intocables posiciones, es hora de alzar esa voz de esperanza latinoamericana y denunciar el abuso de esta nueva mafia internacional que se esconde bajo la alfombra de una falsa democracia. Esa mafia que son las hienas hambrientas de nuestra América Latina. El autor es Gerente General de Soluciones Textiles Internacionales.