El doctor Emilio Álvarez Montalván aseguró el jueves de la semana pasada, en la presentación de su último libro titulado Médico de vocación y aficionado en política, que se necesitan en Nicaragua algunos libros blancos.
Según el eminente médico, historiador, analista político y estudioso de la cultura política nicaragüense, son necesarios libros blancos sobre temas como la deuda de Nicaragua con Venezuela (“que nadie sabe si es pública o privada”), sobre el Seguro Social y sobre la justicia. Y señaló el doctor Álvarez que la oposición debería actuar como una especie de gabinete alterno y producir ese tipo de “Documentos bien fundamentados que demuestren que (los opositores) son mejores que el Gobierno”.
Cabe precisar que se le llama libro blanco a una obra que contiene documentos y datos sistematizados sobre un tema determinado, que ayuda a comprenderlo y orienta a tomar decisiones para su aclaración o solución. Y con respecto a la atinada sugerencia del doctor Álvarez, nos parece que no solo la oposición debería tomarle la palabra, sino también los organismos de la sociedad civil pertinentes y capacitados para elaborar los libros blancos sobre los grandes temas nacionales que él sugiere.
En esa misma línea y a propósito de la próxima conmemoración del 34 aniversario del triunfo de la revolución sandinista del 19 de julio de 1979, pensamos que un libro blanco muy necesario, el cual debería ser elaborado por algún organismo defensor de los derechos humanos, es sobre los crímenes políticos que se cometieron durante la violenta toma del poder por el Frente Sandinista. En aquellos días azarosos, ¿cuántas personas fueron o habrán sido asesinadas sin ninguna razón ni motivo? ¿Fue por la confusión y anarquía reinante o por la compulsión de matar y la pasión de revancha?
El reconocido jurista y escritor nicaragüense, doctor León Núñez, mencionó recientemente en un artículo algunos de los asesinatos, precedidos de crueles torturas a las víctimas, que fueron cometidos en Acoyapa, Chontales (su tierra natal), cuando los insurrectos sandinistas se tomaron sin disparar un tiro esa pacífica localidad que era cuidada solo por dos miembros de la Guardia Nacional, quienes dicho sea de paso huyeron antes de que llegaran los guerrilleros. El doctor Núñez menciona con sus nombres, apellidos y referencias personales y familiares, a algunas de las personas indefensas, incluyendo ancianos notables de la ciudad, que fueron torturados y asesinados por odio y placer de matar, pero también para robarles sus pertenencias. ¿Cuántos crímenes como los de Acoyapa se habrán cometido en tantos lugares que fueron tomados en forma avasalladora por los insurgentes sandinistas, con o sin resistencia de la Guardia Nacional somocista?
Los propagandistas de la revolución sandinista de 1979 han dicho siempre que esta fue “generosa” con los vencidos, y que, a diferencia de la revolución cubana, no erigió paredones para fusilar a los enemigos derrotados. Pero en Cuba al menos montaron farsas de juicios sumarios para condenar a los fusilados. Aquí ni eso. Simplemente se asesinó a no se sabe cuántas personas indefensas e inermes, como las víctimas de Acoyapa mencionadas por el doctor Núñez. Y muy bien se sabe que ocultar y olvidar crímenes como esos, es una imprudencia colectiva que se paga muy cara, porque podrían repetirse.
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