LA HABANA/AP
Unas 124 cooperativas comenzaron a funcionar el lunes de manera experimental en Cuba de camino a una mayor desestatización de la economía isleña en sectores como construcción, transporte y servicios.
«Con esta medida estamos apostando a gestionar, de forma cooperativa, actividades que estatalmente no han sido eficientes», explicó al periódico Granma Grisel Tristá, integrante de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, un organismo encargado de supervisar las reformas emprendidas por el presidente Raúl Castro.
Según Tristá, esta medida permitirá al Estado «irse desprendiendo» de actividades que son demasiado pequeñas o poco productivas.
Entre las nuevas cooperativas hay algunas dedicadas a comercialización agropecuaria, reciclaje de desechos, construcción, taxis y transporte escolar; así como servicios de chapistería, grúas, lavado de autos y reparadoras de neumáticos, entre otros.
A lo largo de cinco décadas y hasta el inicio de las reformas de Castro en 2010, las únicas cooperativas autorizadas eran las de producción agrícola, pero incluso éstas tenían fuertes limitaciones para operar.
Castro abrió un proceso de apertura a la iniciativa privada generando espacio para los pequeños emprendedores y ahora para estas cooperativas con las que el gobierno espera dinamizar la economía.
Las nuevas empresas trabajarán bajo las reglas de oferta y demanda tanto para producir como para fijar precios y tendrán estatutos especiales, mientras el Estado les permitirá una mayor flexibilidad impositiva a estas formas de gestión y le otorgará una política crediticia especial.
El estado mantendrá el control de precios en servicios como el transporte y productos básicos de la dieta isleña como la papa, el arroz o los chícharos (arvejas).
Las cooperativas «están llamadas a ocupar un lugar importante en la economía del país, aunque el papel principal lo continuará teniendo la empresa estatal socialista», indicó Rubén Toledo, también miembro de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo.
Durante estos tres años Castro aprobó medidas consideradas impensables en la estricta economía estatal cubana de antaño como la liberación del mercado de bienes raíces y automóviles, la entrega de tierras ociosas a productores particulares y una política crediticia para particulares que contempla las hipotecas.
Las medidas fueron el resultado de la necesidad de «modernizar» el modelo, explicó Castro, que recibió buenos comentarios de los analistas.Sin embargo, algunos observadores criticaron la lentitud de la puesta en marcha de las diferentes políticas anunciadas, algo que el propio mandatario rechazó.
«Continuamos avanzando y se notan los resultados. Nos movemos a un ritmo más rápido de lo que se imaginan quienes critican nuestra supuesta lentitud e ignoran las dificultades que enfrentamos», dijo Castro el viernes, según un reporte de Granma de este lunes.
El mandatario insistió en varias ocasiones que la idea no es privatizar por completo al país sino liberar al Estado de actividades menores para concentrarse en el trabajo de control y las áreas estratégicas como energía, salud o grandes industrias clave.