Antoine Joly
El Canal Interoceánico no es solo una parte de la historia de Nicaragua, sino que también es una parte de la historia de Francia. Historiadores franceses, sin embargo, en su mayoría han conservado solo el recuerdo del “escándalo de Panamá”. De hecho, al final del siglo XIX el francés Ferdinand de Lesseps, coronado por el éxito del Canal de Suez, en Panamá tuvo un desastroso comienzo de los trabajos y luego dejó en ruinas a más de 100,000 inversores franceses que habían creído en la empresa.
Pocos saben que Francia también ha ayudado a construir el mito del Canal en Nicaragua. Impulsado por el príncipe Luis Napoleón, en exilio alrededor de 1840, este recibió una carta del ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, Montenegro, quien le dio el poder de crear y organizar una empresa europea para la perforación de un Canal Interoceánico, se le informó además de la decisión del gobierno de Nicaragua de llamar el Canal “Canal Napoleón de Nicaragua”. El Príncipe propuso una ruta que pasaba por los dos lagos hasta el Pacífico, por la zona de León, y prometió convertir Masaya en ¡la Constantinopla de los tiempos modernos!
Luis Napoleón aprovechó su estancia en Inglaterra para poner su plan sobre la excavación del Canal de Nicaragua en blanco y negro. Escribió en 1846: “Hay en el nuevo mundo un país maravilloso, y hay que añadir, hasta el día de hoy inútilmente ocupado, este es el estado de Nicaragua”. Una serie de eventos políticos se sucedieron y en Francia se produjo la conocida revolución denominada Primavera de los Pueblos en el año 1848, lo que llamó Luis Napoleón de regreso a París. Napoleón fue elegido presidente y después de un golpe de Estado se convierte en el emperador Napoleón III. América Central y México guardan su interés ante el emperador, pero, este se alejó del Canal de Nicaragua.
Sin embargo, la idea no murió en Francia, es retomada por un francés que se enamoró de Nicaragua, Félix Belly, quien defendió hasta la muerte la idea de construir un Canal en este país. En 1858, recién llegado a América Central, Belly se las arregló para hacer firmar por Tomás Martínez, entonces Presidente de Nicaragua, una concesión de 99 años a una empresa francesa para la creación de zonas francas en ambos extremos del futuro Canal y el derecho de expropiación de una franja de cuatro kilómetros a lo largo de la futura ruta.
Visionario y precursor de convenciones extraordinarias, hasta el día de hoy Belly llegó más allá de todos los que firmaron este tipo de concesión: de hecho, logró la hazaña de firmar su texto no solo con el presidente Martínez, sino también con Juan Rafael Mora Porras, en aquel tiempo Presidente de Costa Rica.
Belly, hábil diplomático, sugiere el camino del Canal por el río San Juan y propone cortar el pequeño istmo por el río Sapoá, desembocando en la bahía pacífica de Salinas en Costa Rica. Belly proponía, además, cerrar la bahía por una represa compuesta por los materiales resultados de la excavación del istmo. Los dos presidentes coincidieron en que el Canal fuese entonces la frontera común entre los dos Estados.
Este acuerdo fue firmado un 1 de mayo de 1858 en Rivas, acto que coincidió con el primer aniversario de la rendición de William Walker.
Se le hará difícil al presidente Tomás Martínez la ratificación del acuerdo al cual la Asamblea Nacional aportará enmiendas, entre las cuales, la eliminación de la concesión de la tierra. El presidente será además duramente criticado por los representantes de los Estados Unidos.
El presidente Martínez en su defensa indica que firmando el acuerdo no había comprometido al Estado, sino que su propio nombre, ya que yendo a Rivas dejaba al vicepresidente interino todo el poder público… ¡vaya Martínez! Abundaba de disposiciones jurídicas innovadoras que le valieron su reelección siendo inconstitucional.
Belly negociaría también la concesión en Francia para buscar financiamiento sin mucho éxito, y regresaría a Nicaragua con toda una tropa de especialistas de todo tipo para iniciar el Canal y la creación de una colonia francesa en El Castillo que se llamaría Felicia.
De regreso a Francia incluso firmó un acuerdo con una empresa ferroviaria francesa para construir un ferrocarril, acuerdo firmado también por el señor Marcoleta, embajador de Nicaragua en París.
Definitivamente este Belly lo intentó todo, y todo firmó: canal húmedo, canal seco, expropiaciones… ¿Sospecharía el señor Belly a esa época que tendría tantos seguidores? Desafortunadamente los problemas financieros, enfermedades y traiciones rompen con el sueño de Belly… pero, ¡el sueño francés no ha terminado!
En 1868, un senador politécnico amigo del emperador Napoleón III, Michel Chevalier, firma en Managua con el ministro de Relaciones Exteriores una nueva concesión de 99 años, con dos kilómetros de propiedad de tierra a cada lado del Canal, la exención de impuestos y otros beneficios. Al gobierno de Nicaragua le queda la sola calidad de asesor de la Junta Directiva de la futura compañía del Canal. Chevalier solo envió al terreno un ingeniero sin medios y olvidó rápidamente el Canal. En noviembre de 1877 Aristide Paul Blanchet, otro francés, firmó un nuevo contrato con la República de Nicaragua para construir un Canal Interoceánico para el tránsito de los lagos de Nicaragua y 353 kilómetros cuadrados de tierra para el cultivo de goma. Este es el principio del ocaso de la aventura francesa por lo que concierne el Canal en Nicaragua. Ferdinand de Lesseps, quien en un momento dado apoyó a Blanchet, se dejó seducir por el proyecto de Canal en Panamá… conocemos el resultado y el fiasco político y financiero que abrió las puertas a los Estados Unidos para realizar el proyecto. Así murió el sueño francés en el siglo XIX. El autor es Embajador de Francia.