El adulto mayor

“Queremos que nos diga qué hacer con nuestro padre de 88 años que insiste en salir a caminar, ir al club de jubilados y acudir a diversas invitaciones. ¿Cómo calmarlo?, nos preocupa”.

“Queremos que nos diga qué hacer con nuestro padre de 88 años que insiste en salir a caminar, ir al club de jubilados y acudir a diversas invitaciones. ¿Cómo calmarlo?, nos preocupa”.

Cuando evaluamos a una persona que se ha convertido en adulto mayor (60-65 años o más) realizamos valoración funcional: consiste en saber si domina seis factores: alimentarse y vestirse, satisfacer necesidades de alimentación, comunicarse, realizar necesidades fisiológicas (bañarse, defecar, orinar) y administrar su patrimonio: casa, dinero, etc.

Estos elementos constituyen la capacidad, término de implicaciones legales, pues en muchos países, incluido el nuestro, se ha querido arrebatarle recursos económicos o impedir sus matrimonios a algunos adultos mayores.

Un anciano o anciana que sale fuera de su hogar si no tiene deterioro cognitivo, es decir, alteraciones de su capacidad de pensar, aprender y recordar (persona capaz) puede y debe cumplir (salvo contraindicaciones médicas específicas) las llamadas destrezas sociales que le posibilitan una buena calidad de vida.

Todas las personas, incluidos “chavalones y chavalonas” debemos caminar 150 minutos por semana para estar en condiciones óptimas de salud.

Garantizar el estado de salud a través del chequeo médico periódico, control de enfermedades crónicas, vitaminas, vacunas (neumococo, influenza y otras) y suplementos del tipo intelectus que contienen ginkgo biloba y ginseng son indispensables.

No podemos olvidar el concepto de “plasticidad cerebral” que ha demostrado que nuestro cerebro puede cambiar y aprender nuevos conocimientos y responder a diferentes circunstancias de la vida y eso lo dan ejercicios diarios, conversar, jugar, bailar, lectura y amar. Si se les niega todo esto a un adulto mayor, enferma y muere más rápido.

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