Un sangriento atentado golpeó este domingo por la mañana Damasco, 24 horas después de una reunión del grupo de países Amigos de Siria, que decidió reforzar su ayuda a los rebeldes para invertir la relación de fuerzas en el campo de batalla.
«Un atentado terrorista se produjo detrás de una panadería en el barrio de Ruknedin», explicó la televisión estatal siria dando cuenta de «víctimas entre los civiles» y utilizando la terminología del régimen de Bashar al Asad, que califica a los rebeldes armados de «terroristas». El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), una ONG con sede en Gran Bretaña que obtiene su información de una red de militantes y médicos sobre el terreno, informó de tres muertos y diez heridos en una explosión, pero no precisó el origen.
Este atentado se produce en plena ofensiva del ejército sirio, apoyado por el movimiento armado chiita libanés Hezbolá, contra los focos de resistencia rebeldes en Damasco y en sus alrededores. Después de una semana en la que la rebelión perdió terreno, el sábado los principales países que apoyan a la oposición decidieron incrementar su ayuda a los insurgentes que piden armamento pesado para proteger las zonas civiles de los ataques del régimen.
Tras una reunión en Doha, 11 países del grupo Amigos de Siria, entre los que están EEUU, Gran Bretaña y Francia, anunciaron su decisión de «entregar con urgencia todo el material y los equipamientos necesarios» a la rebelión para permitirle «contrarrestar los brutales ataques» del régimen. Los países Amigos de Siria precisaron que cada uno ayudaría a los insurgentes «a su manera», sorteando así la cuestión de la ayuda militar directa que varios países occidentales se niegan a proporcionar. Hasta ahora, el grueso de este tipo de ayuda a los rebeldes procedía de Arabia Saudí y Catar.
“AYUDA MILITAR CANALIZADA”
Los participantes destacaron que «cualquier ayuda militar será canalizada» por el Estado Mayor del Ejército Sirio Libre (ESL), principal fuerza de la oposición armada, para que no caiga en manos de grupos extremistas. El jefe de la diplomacia de Catar, el jeque Hamad Ben Jasem al Zani, afirmó el sábado que los participantes tomaron «decisiones secretas» para modificar el equilibrio de fuerzas en Siria, donde la violencia dejó más de 93.000 muertos desde marzo de 2011, según la ONU.
Por su parte, el presidente francés, François Hollande, destacó este domingo desde Doha tras reunirse con Al Zani que Francia y Catar tienen «un enfoque común» sobre el conflicto sirio que pretende «ayudar a la oposición a defenderse y ganar posiciones sobre el terreno», pero también «encontrar una solución política».
Los Amigos de Siria también denunciaron «la intervención de las milicias del Hezbolá y combatientes de Irán y de Irak, que ayudan al régimen a reprimir al pueblo sirio», considerando que esta intervención extranjera «amenaza la unidad de Siria» y podría desbordar el conflicto más allá de sus fronteras.
En cambio, Irán, fiel aliado de Bashar al Asad, denunció este domingo la decisón de los Amigos de Siria. «Aquellos que apoyan el envío de armas a Siria son responsables de la masacre de inocentes y de la inseguridad en la región», declaró Hosein Amir-Abdolahian, viceministro de Exteriores. «En vez de enviar armas a Siria, Washington debe apoyar el fin de la violencia y el diálogo nacional para que los sirios decidan su futuro», añadió.
El sábado, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, subrayó que su país sigue apoyando la celebración de la conferencia internacional Ginebra 2 para encontrar una salida política al conflicto. Sin embargo, consideró que los rebeldes necesitan un mayor apoyo «para acudir a Ginebra» y revertir «el desequilibrio sobre el terreno».