Las últimas informaciones que han emergido a luz pública en relación a quienes están detrás de la ignominiosa concesión del Gran Canal parecen indicar que hay pisadas de animal grande.
Aunque en un comienzo de toda esta algarabía canalera, la República Popular de China no apareció públicamente por ningún lugar, ahora ha trascendido que la empresa estatal China Railway Construction Corporation (CRCC) ha sido contratada por la novel firma ganadora de la concesión HKND Group, para hacer los estudios de viabilidad inicial del proyecto.
Esta empresa CRCC es una de las más grandes de las empresas de construcción de China y la mayor empresa de construcción china en el extranjero.
Ante los ojos de cualquier buen observador, por lógica elemental, eso sería indicativo de que el Gobierno de la República Popular de China efectivamente está detrás del megaproyecto, o que al menos el señor Wang Jing, quien ha tenido una “tremenda suerte” al lograr firmar de forma vertiginosa con el presidente Ortega un convenio hecho a su imagen y semejanza, también tiene muy buenas conexiones dentro del Gobierno chino.
Por otra parte, hay informaciones no confirmadas, que Jing es el hijo de un prominente general del ejército chino, llamado “Ejército de la Liberación del Pueblo”, el que a su vez es el brazo armado del Partido Comunista, en el poder desde octubre de 1949.
El equipo de consultoría, ambiental, legal y de grandes proyectos presentado por Wang Jing el viernes 14 que se firmó el tratado, es también de primera línea, lo que le da más consistencia a que, al menos en la etapa inicial, los estudios de factibilidad, técnica, financiera y ambiental serán realizados por firmas de prestigio mundial.
Lo anterior no quiere decir que habrá Canal, lo que sí pareciera indicar es que en esta oportunidad se harán los estudios serios correspondientes por firmas especializadas en cada uno de los campos. Una vez concluidos, los estudios podrían arrojar resultados contradictorios, por ejemplo: podría ser que el Canal fuese viable técnicamente, pero no financieramente. También podría ser que el Canal fuese viable financieramente, pero no ambientalmente.
Lo único cierto es que aparentemente se harán los estudios que de por si tienen un costo millonario. ¿Quién los financia? ¿Y por qué tanta prisa?
Se ha anunciado que la ampliación del Canal de Panamá estará lista el año próximo y permitirá el cruce de barcos de mucho mayor tamaño y calado que en la actualidad, pero no se conocen las tarifas.
Lo único que se conoce de las tarifas es que muchos países que tienen intereses y enormes flotas navieras cuyos buques transitan por el Canal de Panamá, resienten el hecho de que las tarifas han ido subiendo gradualmente, a un punto de que para recuperar la gran inversión que están haciendo en su expansión es previsible que las nuevas tarifas del Canal ampliado vayan a ser mucho mayores.
De allí el interés que podría tener China Popular en empujar un proyecto alternativo que aunque no es seguro que se podría concretar, si tiene visos de credibilidad podría servir como palanca de negociación para “suavizar” el impacto tarifario que indudablemente tendrá el Canal de Panamá ampliado en el tráfico marítimo mundial.
Con los buques que ya podrán transitar por el Canal con la ampliación, los que no lo podrán hacer y supuestamente serán el nicho del mercado del “Gran Canal por Nicaragua”, son una minoría de buques supertanqueros que ciertamente representarían un riesgo ambiental impensable, si transitasen por nuestro Gran Lago Cocibolca.
Otro interés geopolítico que podría tener China Popular es sacar a Nicaragua de la esfera de los países que reconocen a la República de China en Taiwán. Con el tratado Ortega-Wang Jing, la República Popular de China, aunque no tenga relaciones podrá operar libremente en buena parte del territorio nacional bajo sus propias leyes y hasta con sus propias fuerzas de seguridad.
Si el Canal llegara a iniciarse, luego que los estudios resultaran positivos, antes de la primera palada de tierra, lo que sí es cierto es que habrá muchas confiscaciones injustas y que nuestras excelentes relaciones con Taiwán serán rotas porque es inconcebible que una potencia económica y militar mundial invierta o desarrolle un megaproyecto tan complejo en un país que ni siquiera lo reconoce. El autor es diputado de la Bancada Democrática Nicaragüense y Presidente de la Comisión de Turismo.
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