Mario Arana
Dani Rodrik, catedrático turco de la escuela de gobierno John F. Kennedy de Harvard, sostiene que las ideas inciden en los intereses políticos de tres maneras. Primero, las ideas determinan cómo las élites políticas se definen a ellas mismas y los objetivos que persiguen; dinero, honor, estatus, permanencia en el poder, o simplemente un lugar en la historia. Segundo, las ideas determinan los puntos de vista sobre cómo los actores políticos consideran que funciona el mundo; y más importante aún, las ideas determinan las estrategias que los actores políticos consideran que pueden adoptar. En este sentido, a como sostiene Rodrik, las posibilidades de cambio económico no solo están limitadas por la realidad del poder político, sino por la pobreza de nuestras ideas.
Traigo esto a colación, ya que recientemente el doctor Luis Rivas escribía: “con demasiada frecuencia recurrimos a la crítica destructiva y la descalificación, dogmática e infalible”, refiriéndose a la discusión económica nacional, y en particular a los esfuerzos que el sector privado hace para trabajar de la mano con el Gobierno. Llama a la búsqueda de soluciones en conjunto y a abandonar posiciones no constructivas.
Celebro este planteamiento del doctor Rivas, no tanto por lo que dice, que me parece bien, pero también por lo que hace, que es expresar sus ideas públicamente, siendo alguien del sector privado en una posición sensible. En lo personal, desde el sector privado, igual emito opiniones que pueden ser manipuladas, o son mal interpretadas, pero que sobre todo reivindican la importancia de dejar que corran las ideas. El país necesita ideas, mejor si son constructivas, necesita balance y sentido de ecuanimidad que aumente la confianza entre todos, y enfrente los tremendos desafíos que tenemos.
En ese espíritu, reivindico no solo la importancia, sino la necesidad por el desarrollo del país, que exista y se fortalezca una alianza pública privada. Hay quienes consideran que el sector privado debe de preocuparse de la estabilidad de largo plazo, el funcionamiento de una democracia más plena y lograr una institucionalidad que funcione mejor para todos. Este planteamiento puede ser válido, pero algunos piensan que para avanzar en esos objetivos o presionar por reformas, se vale destruir la economía e invaden el país de pesimismo. Eso tampoco es aceptable.
Con respecto a este asunto de la alianza pública privada, se libra una batalla en el mundo. Mientras el liberalismo triunfó ideológicamente, en el mundo real, la batalla entre liberalismo y mercantilismo está en todo su vigor y según Rodrik, su resultado definirá el futuro de la economía mundial.
El modelo liberal según el autor parte de que el Estado es por naturaleza predatorio y el sector privado es rentista, por tanto, se propugna por una separación estricta entre el Estado y los negocios privados. El modelo mercantilista en contraste ofrece una visión corporativista, en donde el Estado y el sector privado son aliados y trabajan en función de objetivos comunes como el desarrollo económico, entre otros temas.
Este modelo puede ser tildado despectivamente como un capitalismo de Estado o amiguismo, pero cuando funciona, a como ha sido el caso frecuente en Asia, el modelo de gobierno pro sector privado, o la colaboración pública privada, gana elogios y con frecuencia cada vez más adeptos, según este autor.
Considerando estas tendencias internacionales y la urgente necesidad de desarrollar nuevos ejes de crecimiento e inversión en el país, apoyo para Nicaragua la alianza pública privada, y abogo porque las partes en este marco trabajen con responsabilidad y buena fe, sin menoscabo de los puntos de vista de los que discrepan, pero salvoguardando los logros económicos alcanzados. La alianza público privada es el camino correcto hoy en día, y debemos de trabajar para que funcione lo mejor posible en bien de la mayoría.
El autor es doctor en Economía
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