Adolfo Acevedo Vogl
Economista
Existe un creciente consenso en que el desarrollo no estriba en la especialización en unos cuantos productos, en los cuales los países posean ventajas comparativas estáticas o “ricardianas”, debidas a su abundancia relativa de factores, sino en un proceso de incesante diversificación de la estructura productiva y su canasta exportadora.
La transformación estructural de las economías, proceso al cual está asociado el incremento sistemático de la productividad y del ingreso per cápita, consiste, precisamente, en un proceso mediante el cual se van implantando nuevas actividades cada vez más intensivas en conocimiento, de alta densidad de encadenamientos y elevado dinamismo de la demanda.
En las últimas décadas la región latinoamericana ha retornado a patrones más tradicionales de inserción externa, caracterizados por la especialización en sectores y productos de bajo valor agregado, de bajo dinamismo de la demanda a largo plazo, y de bajo contenido tecnológico.
En varios países de América del Sur, por ejemplo, las estructuras de producción se reorientaron hacia actividades materias primas y actividades de procesamiento de recursos naturales, mientras que en México y América Central se generalizaron las industrias de ensamblaje tipo maquila.
Esto favoreció la generación de una estructura industrial que no incentiva el desarrollo de capacidades tecnológicas endógenas y conlleva una escasa demanda de conocimientos y por recursos humanos altamente calificados, y por tanto implica condenarse a padecer la continua ampliación de la brecha tecnológica.
Es así que el patrón de especialización de nuestros países se caracteriza todavía por un peso considerable de sectores que generan productos de bajo contenido tecnológico y bajo valor agregado, y cuya elasticidad ingreso de la demanda es reducida, de manera que cuando la economía mundial se expande, la demanda por estos productos suele crecer menos que proporcionalmente.
Al mismo tiempo, la elasticidad del ingreso de las importaciones es más elevada. Esta diferencia entre las elasticidades de las exportaciones y las importaciones está detrás de los recurrentes desequilibrios externos de la región. En contraste, las economías asiáticas de alto dinamismo tuvieron éxito en el ingreso en industrias o actividades tecnológicamente intensivas, combinando políticas de sustitución selectiva de importaciones con una estrategia agresiva orientada a la exportación, en conjunto con la promoción del desarrollo de capacidades tecnológicas cada vez más sofisticadas.
Estos cambios en la estructura productiva y la intensidad tecnológica de la misma han marcado una diferencia fundamental entre la matriz exportadora de los países del Asia de rápido crecimiento y América Latina.
Los países de la región han tendido a perder participación en las exportaciones mundiales, lo cual indica que no ha logrado desarrollar la capacidad para incrementar la participación en el mercado en productos de alto crecimiento en la demanda mundial, que coinciden en términos generales con aquellos de mayor contenido tecnológico.
Por el contrario, los países asiáticos cambiaron rápidamente el perfil de las exportaciones, yendo hacia los sectores de alta tecnología entre 1985 y 2011; en paralelo, aumentaron su participación en el mercado mundial. Tal proceso no se dio con la misma intensidad en los países de América Latina, que solo hacia mediados de la actual década alcanzaron valores de competitividad similares a los que Asia había logrado en 1985.
Para que los países de América Latina logren desplazar la restricción de balanza de pagos en el mediano plazo, deben generar procesos que contribuyan a diversificar la canasta productiva y exportadora e incrementar la razón entre la elasticidad ingreso de la demanda de exportaciones y de importaciones.
El comercio exterior puede ayudar a estimular el crecimiento, permitiendo un mayor aumento de las exportaciones, pero no se trata tanto de cuánto exportan los países, sino de lo que exportan. Un crecimiento económico más rápido impulsado por el comercio se asocia con estructuras de exportación más dinámicas.
Estas se entienden como aquella mezcla de exportaciones que permita no solo participar en los mercados mundiales para los productos con mayor potencial de crecimiento, sino que también ayuden a fortalecer encadenamientos productivos con el resto de la economía y generar mayor valor agregado para una amplia gama de productos y servicios.
El desarrollo económico requiere reasignar recursos hacia sectores o actividades intensivas en innovación tecnológica y que tengan un rápido crecimiento de la demanda, interna y externa, de tal forma que esta demanda pueda ser atendida con oferta interna, y que las exportaciones y las importaciones crezcan de forma balanceada, sin generar presiones insostenibles en la balanza de pagos.
Sin embargo, es preciso apresurar el paso. El período restante del denominado dividendo o bono demográfico en la región se agotará en las próximas décadas, cuando arribe con fuerza a la fase avanzada de envejecimiento de su población.
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