Cuando Gabriel García Márquez declaró que prefería El coronel no tiene quien le escriba a Cien años de soledad causó conmoción, pues la segunda es sin duda la gran novela en español del siglo XX. El autor entonces explicó que se refería al hecho de que El coronel es “más redonda”.
Esta idea de redondez nos acerca al concepto de la novela perfecta, aquella a la cual no se le puede quitar ni agregar nada (además de otras cualidades). Usualmente son novelas de mediana extensión, aunque hay obras literarias voluminosas que también son estructuralmente perfectas, como La odisea de Homero.
Esto no significa que las grandes catedrales de la literatura universal sean inferiores a las novelas perfectas. Simplemente significa que la mayor extensión tiende a producir repeticiones (En busca del tiempo perdido), personajes que continúan cabalgando después de haber dado todo lo que tienen que dar o intromisiones inoportunas de un autor entusiasmado con sus propias opiniones (La montaña mágica).
Entre las novelas estructuralmente perfectas tenemos El buscón de Quevedo, Ana Karénina de Tolstoi, El proceso de Kafka, La vorágine de Rivera, La mujer de arena de Kobo Abe y, por supuesto El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald.
Pero una novela perfecta no genera necesariamente una película perfecta (las grandes películas provienen, usualmente, de guiones originales o de novelas poco conocidas).
De la primera versión cinematográfica (silente) de El gran Gatsby , con Warner Baxter, no existen copias. Fue filmada en 1926, un año después de la publicación de la novela, la cual no fue bien recibida. Hubo que esperar la muerte del autor en 1940 (víctima del alcoholismo) para que comenzara a ser reconocida como un clásico de nuestros tiempos.
Si bien muchos recuerdan con cariño la versión del inglés Jack Clayton (1974) con Robert Redford; el Jay Gatsby ideal sigue siendo Alan Ladd, en una versión de bajísimo presupuesto dirigida en 1949 por Elliott Nugent.
Con su carácter huraño y melancólico, Ladd fue en sus dos mejores películas ( Un alma atormentada y Shane ) el eterno forastero y aportó esa cualidad a su interpretación de Gatsby.
Redford se desenvuelve con demasiada naturalidad en un ambiente que supuestamente rechaza. Es demasiado gentil para reflejar el origen humilde y el pasado turbulento del protagonista.
Películas gemelas
La versión de 2013, filmada en Australia y dirigida por Baz Luhrmann (Moulin Rouge; 2001), se aleja de la sobriedad de las anteriores, con desplazamientos de cámara y excentricidades de estilo excesivos para contar una historia apoyada en el interés de sus personajes centrales.
Pero la trama de la novela (ambientada en una isla de Nueva York en la década de 1920) está tan bien hilvanada que los juegos artificiales de esta nueva versión cinematográfica no logran oscurecer el drama humano.
Como protagonista de esta radiografía del sueño estadounidense (el alto costo del éxito económico), Leonardo DiCaprio rescata el ángulo de automarginado del protagonista; pero carece de la voz fuerte de Ladd y Redford, necesaria para proyectar la superioridad interior de Gatsby con respecto a un entorno social en el cual él mismo se dejó atrapar.
Completan el reparto Carey Mulligan (Daysi Buchanan), sin las excentricidades que hicieron inolvidable a Mia Farrow en la versión anterior; Joel Edgerton (Tom), Isla Fisher (Myrtle) y Elizabeth Debicki (como la golfista Jordan Baker), con esa belleza de pasarela que evoca a Marisa Berenson en Cabaret.
Pero esta nueva versión pertenece a Tobey Maguire, como el narrador (Nick Carraway). Es el catalizador que da sentido a todos los cabos sueltos. A pesar de su aspecto común y corriente (recuerda a Fitzgerald), Maguire ha logrado el estrellato y tiene esa habilidad de los grandes actores de desaparecer dentro de sus personajes, a veces de forma tan profunda, que a la hora de repartir premios, nadie se acuerda de ellos.
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