Es interesante observar cómo una fórmula aplicada diligentemente, sabiendo aprovechar las circunstancias y con una malévola inteligencia, produce los mismos resultados, indefectiblemente.
Si se aplica la fórmula comunista del control absoluto a un Estado o país; en la economía, en el orden monetario, en la tenencia libre de la propiedad, en la libre expresión, en el control de mercado y de precios, en la libertad personal, usando la represión, la persecución, sacando a Dios de la sociedad, y ejerciendo un dominio absoluto, donde no hay más ley que la ley del que manda, se obtiene automáticamente, como con cualquier fórmula matemática o química, el mismo resultado: un país miserable, no solo en pobreza material, sino también infeliz , sin esperanza, sin desarrollo, sin oportunidades, sin creatividad, sin crecimiento.
Se produce matemáticamente una nación esclava, moribunda, en la cual la gran mayoría es infeliz, y unos pocos son aparentemente felices si es que el enriquecimiento ilegítimo y el poder absoluto pueden producir paz y felicidad.
Tenemos en primer lugar a los que inventaron la fórmula, la ex Unión Soviética. Fui testigo. En los años ochenta, cuando viajé a Rusia como turista, pude observar cómo vivía ese pueblo, sin saber que pronto experimentaría en mi propia patria a qué sabe el término “Revolución comunista” o cualquier otro apelativo con que se designe.
El pueblo allá lucía triste y todo era descolorido, se veían largas colas para poder obtener cualquier artículo insignificante.
La nación, bajo el régimen bolchevique, fue sometida a persecuciones, exterminios, espionaje, prisiones famosas, que una crueldad pocas veces igualada, solo comparables a lo que narran los que han podido romper el cerco comunista de Corea del Norte, o las atrocidades que cometió Mao en China. Todo esto, además del resto de la fórmula: supresión a todo tipo de libertad, controles económicos, cancelación de derecho de posesión y de libre empresa supresión de todos los derechos humanos, etc.
Hemos visto por cincuenta años en qué se ha convertido la bella isla de Cuba. Cómo, el aplicar la fórmula rusa, meticulosamente, hasta el presente, han conseguido los mismos resultados: un pueblo empobrecido, miserable, esclavizado al punto que se hace trueque comerciando con el trabajo de sus profesionales, usándolos como objetos productivos cuyo trabajo se emplea para pagar el petróleo, recibiendo ellos una suma irrisoria. Allí no hay libertad de ninguna clase, no se respetan los derechos humanos, ni se tiene ningún tipo de miramientos con los que disienten. Es por eso que la fórmula ha sido invencible.
Tenemos el ejemplo más reciente y dramático: la nación venezolana, que en menos de 15 años, usando la fórmula infalible ha dejado de ser un país millonario y se ha convertido en una sociedad lamentable, donde el crimen, la corrupción, el enriquecimiento ilegítimo, el afán de protagonismo mundial, de dominio, de poder, lo han llevado al estado en que se encuentra, llevando a la población a límites inigualables de pobreza, de desabastecimiento, de incapacidad administrativa y de toda clase de fraudes, de abusos y de mentiras para permanecer ilegítimamente en el poder como les ha enseñado su mentor, el maestro cubano.
Está también la fórmula combinada, como dice un refrán popular: “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”.
Se van tomando medida poco a poco, para obtener un poder absoluto, económico primero, política simultáneamente, represivo cuando es necesario, pasando por encima de cualquier ley, sin apresurarse como cuando se tenía experiencia, pero inexorable, hasta lograr un acomodo total. Una sumisión incondicional.
La historia nos enseña que ninguna de estas fórmulas tiene un final feliz. Nadie puede hacer esclavo a un pueblo sin terminar pagando las consecuencias. Será tarde o será temprano, no podemos saberlo, si no preguntémosle a los dos generales Somoza, que creían que para ellos el tiempo no existía, ni tampoco la eternidad.
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