No hay duda que el sistema de pago con tarjetas ideado por Irtramma (léase el Gobierno) tiene jalándose los pelos a los usuarios del transporte público así como a las cooperativas de buses que brindan el servicio en la capital. Para ser propositivo y ver el vaso medio lleno, comenzaré nombrando las bondades del sistema. Considero que el pago por medio de tarjeta aligerará el tiempo de abordaje a las unidades, facilitará su contabilidad y el usuario podrá comprar la tarjeta que más le convenga eliminando las engorrosas monedas. En cuanto a lo malo. En primer lugar hay que mencionar la imposición por el Gobierno del sistema sin tomar en cuenta a los dueños de las unidades, violando de esta forma las más elementales reglas de la libre empresa, ya que mete sus manos en un área que no tiene que ver en nada con la prestación del servicio en sí.
Otro aspecto que hay que destacar como malo, es la falta de información y por supuesto las imposiciones que se piensan implementar a la compra de las tarjetas. Se habló en un momento de un cuestionario obligatorio que nada tiene que ver con el servicio que se oferta, los centros de adquisición de las tarjetas son insuficientes y acarrearán contratiempos y gastos extras a los usuarios, ya que para adquirirlas tendrán que desplazarse obligatoriamente a los pocos centros habilitados para su venta. La obligatoriedad, además de ser mala, también entra en el ámbito de lo feo, así que la abordaré en ese segmento. Las preguntas sobre que deberán hacer los usuarios no tradicionales —como los que vienen de los departamentos— no han sido respondidas satisfactoriamente.
En cuanto a lo feo, comenzaré con un comentario que además de jocoso revela el humor del nicaragüense. Este lo escuché en una parada de buses a una dama de cierta edad, quien le decía a otra: ¿sabes con qué letra comienza el nombre del nuevo sistema? agregando inmediatamente: con eme de Montealegre. La verdad es que todavía no comprendo cómo el primo hermano del líder de la oposición pudo hacerse con ese negocio tan lucrativo y sin riesgo alguno. Comencemos con los datos conocidos. A diario se trasladan en Managua 900 mil pasajeros, eso significa 27 millones mensuales, multiplicado por doce meses nos da la suma de 324 millones de usuarios promedio por año, de los cuales Mpeso se embolsará 16 centavos por cada pasajero por la administración de la tarjeta. Eso mi amigo es más de cincuenta millones de córdobas al año que pudieron haberle quedado a las cooperativas, pero que de forma misteriosa irán a parar al bolsillo del administrador de la tarjeta. A mi juicio, otra razón de la implementación de la tarjeta es el interés del Gobierno de asegurarse el pago de las unidades entregadas a las cooperativas. Y desde ya pueden apostar que Mpeso primero le pagará al Gobierno y lo que sobre será para los cooperados. Hay más cosas feas, pero por razones de espacio no me es posible exponerlas, entre ellas la docilidad con que los sindicatos del transporte han acatado tan aberrante manipulación a los intereses de sus agremiados. El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente es miembro del PLI
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