En días recientes, el canciller de Nicaragua realizó un recorrido por varios países de Europa; también a la misma sede de la Unión Europea. Y tuvo encuentros con altas autoridades del Gobierno de Estados Unidos.
Se puede deducir que esa gira obedece a un especial interés de parte del ejecutivo por restablecer los vínculos de cooperación y amistad con varios países que en los últimos cinco años se han venido alejando de Nicaragua.
El canciller recibió de estos países respuestas negativas y evasivas. Dudas en relación al verdadero y genuino interés de Nicaragua de restablecer lo perdido. Pocas promesas protocolarias y prácticamente ningún compromiso formal.
Estos países, pese a declaraciones que por puro protocolo internacional se han brindado, decidieron retirar sus misiones diplomáticas, sus organismos de cooperación, su interés por ayudar a Nicaragua, como resultado concreto del retroceso que el Gobierno actual le ha impreso al desarrollo democrático.
El rompimiento del Estado de Derecho, fundamentado en una reelección presidencial al margen de la Constitución; la persecución política y económica a adversarios del Estado; la implementación de un ordenado sistema de fraudes electorales continuos y desvergonzados; el desprecio a la legislación en cuanto a la elección de las autoridades de poderes del Estado; la tutela arbitraria por medio de mecanismos fraudulentos de una mayoría parlamentaria, con la consecuente pérdida de los pesos y contrapesos políticos con que un Estado democrático debe contar; la sumisión del poder judicial al ejecutivo; la inexistencia de una Contraloría que fiscalice, dé seguimiento permanente y actúe contra el manejo inadecuado de fondos públicos; la artimaña de presión económica hacia los medios de comunicación no alineados con la línea oficial; el modelo de gestión, arbitrariedad e imposición familiar que emana desde el ejecutivo; el enriquecimiento desmedido que a simple vista se observa de la familia presidencial, así como de muchos altos funcionarios sumisos al ejecutivo; la restricción de información a medios de prensa; las recurrentes faltas a derechos humanos y, la negación de la Presidencia a permitir la visita de organismos internacionales que velan por dicho derechos; los discursos virulentos contra personeros y gobiernos que ahora visitan; entre otros muchos, son motivos por los cuales señalan a Nicaragua al margen de la democracia e institucionalidad.
El Estado presentó a esas naciones los “avances” económicos de estos últimos años, pero se olvidan que con quienes se reúnen están bien informados de los acontecimientos en Nicaragua, que saben que esa “bonanza” económica se basa principalmente en la cooperación petrolera de Venezuela (la cual tiene los días contados) y en los precios ventajosos de los principales productos de exportación nacional, que en los últimos seis meses se han venido desplomando y que dan indicios de fuertes tendencias a la baja en el futuro próximo.
A pesar de ello, para esos países, la base más preciada y fundamental de continuar la ruta del buen desempeño económico, es concretamente la institucionalidad, que es precisamente donde este Gobierno sale con notas rojas, y sin la cual, más temprano que tarde tendrá su efecto negativo en el desempeño económico.
El señor presidente, si realmente tiene un genuino interés por restablecer esos vínculos perdidos, tiene mucho por hacer en materia de restablecimiento de la institucionalidad perdida.
El autor es diputado PLI
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