La unidad al revés

Sergio Boffelli

Algunos opinan que poco sirve señalar errores de la llamada oposición, pues son conocidos y en cambio se deben hacer propuestas. Otros, que es necesario poner el dedo en la llaga para que honren la confianza de sus votantes.

Son opiniones que se complementan. Hay que indicar debilidades y proponer remedios, combatiendo el contrapeso oficialista.

Un lector me ha recordado que el Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, del periodista Maurice Joly (1829–1887), posee una sabiduría que no caduca. El orteguismo ha sido aplicado al “…arrebatar a los partidos esa fraseología liberal con que se arman para combatir al Gobierno. Es preciso saturar de ella a los pueblos hasta el cansancio, hasta el hartazgo…”, para luego manipular la opinión pública, “aturdirla, sumirla en la incertidumbre mediante asombrosas contradicciones, obrar en ella incesantes distorsiones, desconcertarla mediante toda suerte de movimientos diversos, extraviarla…”

Así, mientras se dividen, facciones liberales hablan de unidad, devaluándola al concebirla como medio para escoger candidato en elecciones primarias, sin advertir la piedra que los hunde —en esto sí, juntitos todos— en arenas movedizas del orteguismo.

En primer lugar, me parece que uno se asocia con quienes comparte principios, visión y propósitos. No con cualquiera. Y menos con personajes de mala reputación o historial de componendas. El ejercicio de la política no es licencia para actuar de cualquier manera.

Sin embargo, más alarmante aún es que al llamado de unidad le falta lo esencial: una propuesta que aglutine a los que verdaderamente importan, protagonistas de cualquier cambio… ¡los votantes!

¿Cómo es posible que la razón de ser y el punto de partida se ignoren o se dejen para el final? Porque la unidad que realmente vale y puede dar frutos es con la población, no entre cúpulas que apuestan convencer a la ciudadanía cuando todo entre ellos esté consumado. Esa es unidad al revés con resultados previsibles.

No es acertado continuar secuestrando la voluntad mayoritaria, ni ofrecer un mal menor cuando Nicaragua merece lo mejor.

Suficiente error fue legitimar al orteguismo participando en elecciones presidenciales del 2011, llamando unos a votar y otros no, habiendo de hecho aceptado la violación a la Constitución que allanó el camino de Daniel Ortega, después del fraude demostrado en los comicios municipales del 2008.

Concediendo el beneficio de la duda, y que con buenas intenciones han tomado decisiones equivocadas, otros obstáculos les impiden avanzar.

Entre ellos, que no han sido capaces de presentar el ideal de nación al que aspiran tantos nicaragüenses, la ruta a seguir y su capacidad para guiar el camino. ¿Tan difícil es? Si lo hicieran, el orteguismo tendría sus días contados.

En medio de la confusión que padecen, creen que las respuestas a los problemas deben ser complejas y difíciles, cuando son evidentes y están al alcance. Quien no las reconoce se extravía buscando lo que jamás encuentra.

Los grupos opositores no suponen existir para reaccionar al orteguismo cuando este los requiere como pantalla democrática. Deben poder anticipar, dejar solo al dictador y su camarilla, arrebatarles la iniciativa, ser ellos los que confunden al adversario con estrategia coherente y agenda propia. Es claro que esta batalla no se gana en las tertulias de la Asamblea Nacional, ni en flojas rondas de entrevistas sin novedad.

Deberían pensar y actuar como verdadera oposición, que no es equivalente a ser socios minoritarios en una directiva empresarial. Su falta de credibilidad es, precisamente, no asumir con valentía su rol como abanderados y defensores de una mayoría cuya voluntad ha sido estafada, y son acosados en sus puestos de trabajo y hasta en sus barrios.

A ellos hay que defender y con quienes se debe sellar la unidad para la nueva Nicaragua.

 

El autor es periodista.

COMENTARIOS

  1. el cid
    Hace 13 años

    hay sergio a estas alturas con el tirano en el poder aunque hubiera una unidad creo que ese no es el problema de fondo el problema es como sacar al satrapa del poder ? por el no se va a ir voluntariamente . a estas alturas la situacion sociopolitica de nicaragua se ha complicado el pueblo democratico de nicaragua esta practicamente en una encrucijada en un callejon sin salida .

  2. Luis
    Hace 13 años

    La respuesta es facil, sencillamente porque estas cúpulas no son oposicion, en Nicaragua existe oposicion, lo que no existe es un liderazgo.

  3. J. IGNACIO CARDOZE
    Hace 13 años

    Es correcto frente a Ortega (rehúso decir oposición) falta una propuesta clara de un programa de gobierno (rehúso decir Visión de Nación por desvirtuada de tan trillada y huera en nuestros labios sin objetivos ni metas) El votante debe saber con claridad lo que se le propone con ruta a seguir y meta a conquistar Sin planos no se puede construir un edificio y tanto los arquitectos como los constructores deben tener convicciones imaginación prestigio capacidad probada y credibilidad

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí