Varias bombas estallaron ayer en sectores suníes de Bagdad y zonas aledañas, dejando 76 personas muertas en la peor jornada de violencia en más de ocho meses en Irak.
La intensificación del derramamiento de sangre relacionado con rivalidades sectarias avivó los temores de que el país pudiera virar hacia una nueva guerra civil.
Los bombazos estuvieron precedidos por atentados explosivos dirigidos el miércoles y jueves contra chiíes y que dejaron 130 personas muertas.
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