La isla de Ometepe tiene un potencial de energía limpia, tanto geotérmica, como eólica, como para abastecer una buena parte de la franja del Pacífico de Nicaragua, si tan solo estuviera conectada por medio de un cable submarino al sistema de interconexión eléctrica nacional.
La energía que se produce actualmente en Ometepe es de las más caras de Nicaragua porque está basada en plantas térmicas de diesel, combustible que aparte de ser el más caro, debe ser transportado por tierra y agua, y luego nuevamente por tierra en la isla hasta llegar a Altagracia, donde están las plantas generadoras.
Dichas plantas, administradas por la empresa privada EGONSA ya están obsoletas y no se dan abasto con la creciente demanda de la isla, por lo que en los últimos meses se han multiplicado los apagones, con las consecuentes pérdidas para los hoteles que no solo ven irse a los turistas con una mala imagen de la isla, sino que no les pueden brindar el servicio que se han comprometido a brindar.
En el mes de abril hubo 38 apagones que totalizaron 25 horas y 43 minutos perdidos y tan solo en los 6 primeros días de mayo, ha habido 21 apagones que totalizaron 19 horas con 48 minutos.
Al fallar la energía, lógicamente falla todo: el agua, el aire acondicionado, la cocina que trabaja con electricidad, el agua caliente, en fin: en los tiempos modernos no es posible imaginar siquiera un turismo a oscuras, por más ecológico que sea.
El cable, cuyo costo anda cerca de cinco millones de dólares, lo cual es modesto para su grandes beneficios, vendría a solucionar este problema de inmediato y a mediano plazo, Ometepe en lugar de ser un consumidor neto de energía, podría convertirse en un “exportador” de energía limpia hacia el resto del país, ayudándonos a terminar de darle volantín a la matriz energética nacional.
Funcionarios del gobierno me han asegurado que este proyecto del cable submarino sigue en pie y que más bien está siendo retomado por Enatrel y la nueva empresa que compró recientemente la mayoría de los activos de Gas Natural.
Cuesta años levantar la imagen a nivel nacional e internacional de un destino turístico como Ometepe y no debemos permitir que en unos pocos meses todo lo que se ha logrado se venga abajo en esta maravillosa isla de volcanes gemelos, literalmente, se siga apagando.
Es irónico, el actual gobierno construyó en Ometepe una tremenda pista de aterrizaje que aún no ha visto el primer avión, creo que la pista superó una inversión de 15 millones de dólares, que mientras no aterrice un avión es una inversión perdida o un “elefante blanco”.
Yo he aplaudido la construcción de este aeropuerto y estoy seguro que un día verá la luz, pero, ¿de qué nos sirve llevar turistas de mayor ingreso a Ometepe sin un abastecimiento de energía confiable?
Sumado a este panorama, tenemos el problema del puerto de San Jorge. La Empresa Nacional de Puertos está haciendo ahora un esfuerzo loable por mantenerlo abierto a la navegación, pero aún quedan varias semanas en las cuales el nivel del lago seguirá bajando y el trabajo es contra reloj y contra la naturaleza.
No es posible, no es lógico, ni sensato, que en un país de escasos recursos, como Nicaragua, las cinco dragas que existen estén en Río San Juan llevando a cabo una batalla cuesta arriba contra la naturaleza y ni una de ellas se haya trasladado a San Jorge, el puerto lacustre de mayor afluencia y con toda seguridad el más rentable de dicha empresa estatal. Una falta mayúscula de previsión.
Supe de fuentes confiables que no han podido hacerlo porque en el verano la boca del San Juan y el Río Indio está tan seca que no permite la salida de una draga al Caribe y su traslado a Bluefields, Rama, y El Diamante. Mientras el nivel del río no suba y la barra no se llene de agua, las dragas no pueden salir del San Juan, en auxilio de San Jorge. El autor es diputado y presidente de la Comisión de Turismo de la Asamblea Nacional.
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