LA PAZ/AFP
La expulsión de Bolivia de la norteamericana USAID busca «preservar la continuidad» del proceso político izquierdista boliviano, afirmó este jueves el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, país que acusa a la agencia de cooperación de injerencia en sus asuntos internos.
«Es una decisión de Estado para preservar la estabilidad de nuestra democracia, la seguridad del Estado, es una decisión soberana para preservar la continuidad del proceso» político boliviano, declaró la autoridad en entrevista exclusiva a la televisión estatal.
Quintana calificó de «comprensible» la reacción del Departamento de Estado que lamentó la decisión boliviana, aunque no la consideró «tolerable» porque a decir de esta autoridad, mantiene el tono de «agresividad y arrogancia» que Estados Unidos acostumbra emplear con Bolivia.
Patrick Ventrell, un portavoz del Departamento de Estado, dijo el miércoles que su gobierno no sólo «lamenta profundamente la decisión», sino que los más perjudicados serían «los bolivianos» y no descartó la posibilidad de adoptar alguna medida en represalia.
«Es la misma declaración de amenaza de un país grande, poderoso, que se siente dueño del mundo contra un país pequeño», acotó Quintana, uno de los principales colaboradores del presidente Morales.
Para el ministro,»no es fácil para un potencia, renunciar a una herramienta de carácter político en el extranjero», luego de que La Paz acusara por años a USAID -presente en el país desde 1964- de apoyar a la derecha criolla o de financiar a indígenas opositores.
La autoridad descartó que se trate de «una decisión estatal que tenga que ver con la bronca contra Estados Unidos» por las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, quien semanas atrás -según el gobernante- se refirió a América Latina como el «patio trasero» de Washington.
Las relaciones bilaterales entre Bolivia y Estados Unidos son distantes desde que el izquierdista Morales llegó al poder en 2006 y luego expulsara a fines de 2008 a la DEA, la agencia antidrogas, y al embajador norteamericano, acusándolos de conspiración. Washington negó los cargos y también expulsó al embajador boliviano y desde entonces ambos países se encuentran sin diplomáticos de este rango.
En 2011 y como expresión de acercamiento, los gobiernos de La Paz y Washington firmaron un acuerdo marco de relacionamiento e incluso se anunció que en el transcurso de este año repondrían embajadores, pero no hubo avances.