Aún pude observar a César Jarquín, cuando todavía era capaz de una filigrana en las paradas cortas, aunque para entonces, su aporte se había vuelto inconsistente por el natural paso del tiempo.
La irrupción de Bayardo Dávila con esa magia constante, a partir de su reacción, que le permitía disimular la lentitud de sus piernas, creó una polémica permanente sobre quién era el mejor.
La dimensión de Dávila siguió creciendo, al extremo que una vez Jarquín, con esa humildad que le caracteriza, me dijo “no he visto a nadie, hacer con un guante en la mano, lo que hace Bayardo”.
Pero como si se tratara de alguien venerable, allá arriba, lejos de cualquier debate, estaba la figura de don Rigo Mena, de acuerdo a los que tuvieron el privilegio de verlo, el mejor short hecho aquí.
Se afirma que Mena, con una mezcla de naturalidad, precisión y sentido del anticipo, sabía situarse en el lugar correcto y terminaba convirtiendo lo difícil en algo sencillo con regularidad.
¿Y Everth Cabrera cómo queda en esto? Bueno, este nandaimeño hace algo que ninguno ha hecho: jugar en las Grandes Ligas. Pero además, lo está haciendo bien, con su guante y con el bate.
Desde el año pasado, hacer jugadas espectaculares se ha vuelto una constante para Cabrera. Tanto así, que en 2012 un engarce suyo fue nominado para el mejor del año. Las hace a cada instante.
A Everth aún le falta, pero su bate se ha vuelto preciso y su defensa va en ascenso. Por jugar en las Mayores y brillar cada día con su guante, brazo y piernas, no veo como se puede dudar que es el mejor.
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