Luis Eduardo Martínez M.
Rubén Tórrez relata que en las comunidades rurales, los paraestatales Consejos del Poder Ciudadano (CPC) se encargan de seleccionar a los productores que pueden venderle a Enabas, que presuntamente paga 520 córdobas por quintal de frijol, pero solo a quienes se identifican con el orteguismo.
“Ahí en la comunidad iban a reunir como 50 quintales entre varios productores, pero de ellos mismos”, dice Tórrez, apuntando que su familia tiene embodegados 80 quintales de frijol.
“Estamos esperando, sino que se pudran los frijoles, pero no le damos gusto a esos que están explotando al productor”, dijo.
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La familia de Rubén Tórrez decidió almacenar la cosecha de frijol obtenida en el reciente subciclo productivo de apante en la comunidad Las Carpas Tres del municipio matagalpino de Rancho Grande, porque los precios del grano “están por el suelo”.
Tórrez dice que en el poblado de Rancho Grande, 83.5 kilómetros al noreste de la ciudad de Matagalpa, los comerciantes apenas pagan 270 córdobas por quintal de frijol y “por eso preferimos tenerlo embodegado”, esperando una eventual mejoría en el precio.
“Estamos fregados”, asegura Vidal Herrera Castro, quien comercializa frijol en un tramo junto al bulevar en la calle principal del poblado, indicando que deben vender más barato el producto.
Igual opina el también comerciante Donald Pérez, quien señala que el problema radica en que a Rancho Grande “antes venían diario los furgones de otros lugares a comprar. Ahora no viene ni uno”.
Mientras que Wilfredo Lanzas Sequeira aduce en tono jocoso que dejó de comercializar el grano porque “pasó la de ‘Juan Garabato’: compramos caro y vendemos barato”.
Culpan a Ortega
Todos responsabilizan al gobierno del inconstitucional presidente Daniel Ortega coincidiendo al apuntar que, a través de la Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos (Enabas), está acaparando la comercialización de frijol.
“Aquí no hay libre comercio”, asevera el comerciante Ismael Treminio Duarte, agregando que “estamos trabajando porque Dios quiere que comamos, pero aquí tanto productores como comerciantes estamos con las ‘patas’ inflamadas. Al productor no podemos servir pagándole un buen precio porque el Gobierno paga a un precio y ya lo tiene vendido a otro precio y a nosotros nos está quebrando”.
Wilfredo Pérez Leiva, otro de los comerciantes de Rancho Grande, dice que cuando llega el personal de Enabas al pueblo “lo que se ve ahí es que cinco quintales es lo más que compran a cada productor ( ) a nosotros no nos compran ni un quintal, ya nos tienen fichados y solo le compran a los escogidos, a los mismos sandinistas”.
En Rancho Grande nadie dio referencia sobre cómo localizar a algún funcionario de Enabas.
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