A pesar de que nuestra beata y futura santa, Sor María Romero (Nicaragua 1902-1977) poseía una fe a toda prueba que la acompañó toda su vida y la ayudó a mover montañas en favor de los pobres, no siempre la demostraba en oraciones piadosas pidiendo milagros o incluso vendiendo un milagro como en realidad hizo cierta vez.
Generalmente Sor María hablaba con voz dulce, bondadosa, compasiva a todo el mundo, especialmente a las personas que solicitaban su ayuda y consuelo. Las llevaba a rezar con ella a la capilla de la Virgen en Costa Rica construida exclusivamente con limosnas nicaragüenses, de acuerdo con sus propias palabras, reveladas a una expresidenta nacional de la Asociación Damas Salesianas, doña María Elena Cuadra de Lacayo. (Libro Sor María Romero y los nicaragüenses , pág. 113).
El motivo que me ocupa ahora no es hablar de su obra social que la ha llevado a los altares, sino antes bien mi deseo de comentar una faceta casi desconocida de su personalidad: el humor, el sarcasmo, la ironía, acaso la poesía de la que echaba mano con frecuencia.
En muchas ocasiones mostraba su lado alegre, divertido, incluso burlón que usaba también para referirse a cosas de Dios. Existen distintos pasajes registrados que reflejan esta característica suya por ejemplo este caso:
En cierta oportunidad una hermana de su congregación, FMA, la descubrió orando en la capilla María Auxiliadora, con los ojos cerrados, completamente abstraída, entregada a una meditación profunda como si estuviera fuera de este mundo. Actitud que inspiró gran admiración y respeto a la compañera, religiosa como ella, quien esperó pacientemente a que Sor María terminara sus oraciones para preguntarle ansiosa y emocionada.
—Sor María Sor María .fíjese que la he estado observando largo rato, me ha impresionado mucho su forma de rezar, dígame por favor, se lo ruego:
—¿Qué oraciones le dirige usted a Nuestro Señor con tanta inspiración?
Sor María la miró un momento pensativa, de pronto sorpresivamente contestó con una amplia y esplendorosa sonrisa:
—Pues mire usted Sor, para hablarle con franqueza, lo que yo hacía era recitarle una fábula de mi primer libro de lectura, de pronto se me vino a la cabeza, recordé mi infancia en el colegio:
—Y cuál era esa fábula, —preguntó la monjita impaciente:
—Pues aquella de la mona, recitó Sor María a continuación:
“Subió la mona a un nogal/ y cogiendo una nuez verde/ con la cáscara la muerde/ conque le supo muy mal/ arrojóla el animal/ y se quedó sin comer” (Samaniego).
—Pero Sor María, replicó la hermana sorprendida, esa no es ninguna oración digna de Dios, —me parece que hasta suena irrespetuosa sentenció:
—Pues fíjese usted hermana que la cosa no es así, respondió risueña Sor María —pues cuando uno le dice cosas divertidas a Jesús, Él sabe que es por ¡puro amor! y el amor es lo que más le gusta porque: ¡Él es amor! La autora es escritora nicaragüense
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