No debería ser necesario que venga Ignacio Beristáin desde México a deshacerse en elogios para Román “El Chocolatito” González, para que podamos comprender, cuan especial es el talento de este muchacho, que vemos a diario a nuestro alrededor.
Quizá por eso siempre me ha inquietado descubrir cómo reaccionaba la gente en la época de Rubén Darío, el nica más prominente de la historia. No sé si pasó igual que con Alexis Argüello, a quien se le respetó, y sobre todo, apreció, hasta que ya no lo teníamos entre nosotros.
No estoy comparando al “Chocolatito” ni con Darío ni con Alexis, pero de acuerdo a Beristáin, Román es lo mejor que ha producido el boxeo nica desde los días en los que Argüello sembraba el terror entre las 126 y 135 libras. Yo pienso que es Rosendo Álvarez quien le sigue.
Beristáin ha confirmado lo que aquí se ha dicho, que Román tiene un talento especial, que sus habilidades son extraordinarias y que solo necesita ciertas ajustes para que pueda llegar a explotar todo su potencial.
Mi pregunta es ¿se está haciendo lo necesario para que González exprima todo su material y lo ponga al servicio del espectáculo, pero sobre, de su futuro y el de los suyos? ¿Trabaja para un legado o para solventar necesidades coyunturales?
El tiempo ofrecerá la mejor respuesta. Pero no se le puede dejar pasar. Román es todavía joven. Está por cumplir 25. Sin embargo, se hace mal si se continúa sin definir un plan sobre lo que se pretende hacer con su carrera.
Que lo entrene Beristáin es una tentación. Ojalá que se establecieran todas las coordinaciones del caso y se pueda materializar esa posibilidad. Veremos qué pasa.
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