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Un viejo, viejo amigo

El Museo Nacional de Baviera, en el sur de Alemania, invita a un recorrido por la cultura del bolso, desde el siglo XVI al XXI, que con 300 piezas históricas quiere acabar con el mito de que este accesorio es de uso exclusivo para la mujer.

EFE

El Museo Nacional de Baviera, en el sur de Alemania, invita a un recorrido por la cultura del bolso, desde el siglo XVI al XXI, que con 300 piezas históricas quiere acabar con el mito de que este accesorio es de uso exclusivo para la mujer.

Así, en la sociedad burguesa en el siglo XVI, mujeres y hombres por igual portaban bien a la vista los monederos abultados como señal de bienestar, pues “el bolso era a la vez un símbolo de estatus”, subraya Johannes Pietsch, comisario de la exposición.

En los siglos XVII y XVIII los bolsos desaparecieron de la vista entre los pliegues de los voluminosos mantos.

Además, a mediados del XVII apareció un nuevo elemento, la cartera, en la que hombres y mujeres guardaban sus cartas y documentos personales.

Alrededor de 1800, el “ridicule”, un bolso pequeño y plano que las mujeres se colgaban alrededor de la muñeca, se convirtió en elemento constante del vestuario femenino.

Fue el precursor del bolso de mano, que celebró a finales del siglo XIX su triunfo como accesorio indispensable de la mujer que va a la moda.

Los primeros bolsos de mano con asas metalizadas, tal y como los conocemos hoy, aparecieron hacia 1875.

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