Alberto Arredondo
Cambiar Nicaragua no es locura ni utopía. Muchos nicaragüenses creemos en una mejor Nicaragua y sabemos que podemos lograrlo. Los ciudadanos tenemos que cambiar de la sumisión y la protesta individual a la propuesta colectiva. Por desgracia, cierta parte de la población nicaragüense vive en una división de pensamiento ideológico, otros resignados a que el ciudadano no es soberano sino súbdito del Estado, y que no puede existir una mejor clase política, una mejor tasa de crecimiento económico, una mejor calidad educativa y a que Nicaragua pueda ser un mejor país, y eso no depende de nuestros líderes políticos y tampoco de nuestros grandes empresarios, depende de los tres millones de nicaragüenses que representan la actual población económicamente activa (PEA), ese es uno de los músculos generador de progreso económico del país, y para construir una mejor Nicaragua debemos aprender a convivir y para eso es necesario que la población asuma sus responsabilidades, derechos y obligaciones políticas.
Antes de ser sandinista, liberal o conservador; sos nicaragüense y eso es lo que debe ser predominante ante cualquier persona, aceptar y convivir con diferentes ideas y pensamientos nos hace superiores a otras especies. La partidocracia nos ha dividido, la cual nos ha marcado profundamente en la sociedad, olvidándonos de nuestro único propósito: Nicaragua. Los miembros de la actual clase política olvidaron que los partidos políticos son el medio para llegar al poder, pero no son el fin para ejercer el poder. Sandinismo, liberalismo y conservadurismo, todos estos modelos ideológicos en nuestra historia se resumen en una mejor vida para unos cuantos políticos y el resto siempre ha sido miseria para el pueblo.
Los nicaragüenses necesitamos una reforma tanto ideológica como constitucional. Es oportuno mirar al pasado y ver el modelo de país que actualmente llevamos, lo que hemos hecho hasta hoy en día y lo que queremos para nosotros y para nuestras futuras generaciones. Y sobre todo hay que pensar positivamente en una Nicaragua para los nicaragüenses, en la cual seamos conscientes y responsables de la corrupción ajena, que atenta contra nuestra libertad y nuestros derechos, en una meritocracia que prevalezca ante el nepotismo, que la suscripción popular promueva la unidad nacional, extinga la partidocracia y la división entre los nicaragüenses, generando un pacto ciudadano, el cual tendrá como resultado llevar a cabo acciones concretas y alcanzar resultados tangibles a corto y largo plazo, unidos bajo una sola bandera, para el bien de los nicaragüenses.
De nosotros depende la historia que caracterice nuestra generación. Nicaragua no fue, Nicaragua es y de ti depende que sea un mejor país, porque cuando cambies tú, cambiará Nicaragua. El autor es presidente ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de la Sociedad Civil.