Alfonso Dávila Barboza

Jesús, para su gloria resucitado

En la Pascua de Resurrección de nuestro Jesús sacramentado resulta bien definido reconocer con pasión y sentimiento cristiano todo lo que se ha escrito, estudiado, comentado y publicado en la historia de la vida, pasión, ultrajes y agravios como el proceso viciado contra Jesús y su muerte en la cruz pero para gloria de Dios y desde luego para su propia gloria resultó vencedor de la muerte. El nacimiento de Jesús, el cuido de sus padres, la adoración de los Reyes Magos y de quienes consideraron que el niño nacido en Belén era el Mesías anunciado, no se olvida.

Aquí se marca con firmeza el trayecto de este divino infante con su vida bien marcada y sostenida en las escrituras que son de un valor extraordinario del catolicismo. Tuvo Jesús muchos adversarios y siempre estuvo asediado por los fariseos y otra gente que lo tuvieron como un falso profeta; pero nuestro Jesús supo con mucha inteligencia enfrentar a sus adversarios inclusive burlarlos cuando pretendían capturarlo o atraparlo.

Los dedicados a los estudios profundos de variados temas que conforman la Biblia y lo propio de los mensajes, igual del contenido sabio de las parábolas, siempre encuentran como un tesoro valioso lo que Jesús como maestro enseñaba con mucha claridad y con una pedagogía con respaldo de una metodología muy suya, completamente original. Estimo oportuno reseñar lo que continuamente exponía Jesús y así tenemos que mantenía como tesis que Dios nuestro Señor siempre encontraba en la justicia y el derecho su mejor fortaleza.

Eso siempre debemos tenerlo muy en cuenta igual que distinguir de quien en todo momento y en toda ocasión Jesús le enseñaba a sus discípulos el culto a la fe y al amor pues “el amor para este divino Maestro, el amor es paciente, servicial, no tiene envidia, no presume ni se llena de orgullo, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuenta del mal, no se alegra de la injusticia y goza con regocijo por todo lo verdadero.

El amor disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites y este sentido a mi juicio y como cristiano convencido nos enaltece y nos traza senderos luminosos para un recorrido fraterno, fiel, respetuoso y sincero. En estos momentos, cuando ya han pasado varios días del recordatorio de lo que encierra y conocido como Semana Santa o Semana Mayor, es preciso tener mucho cuidado con los descendientes de los antiguos fariseos que siempre estuvieron prestos a darle tormento a Jesús y en estas regiones estos fariseos criollos que ayer negaban a Jesús, violentaron a sus ministros y le rindieron culto a la herejía y hoy por conveniencia se rasgan las vestiduras y se hacen aparecer como muy cristianos y muy solidarios con los pobres.    Para suerte de la religión cristianas a los fariseos de los remotos tiempos Jesús los identificaba así: “Estos fariseos todo lo que hacen es para que los vea la gente. Les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en los templos, gozan cuando les hacen reverencia ya en la calle o donde se encuentren y sienten y viven orgullosos cuando les llaman maestros”. Y me atrevo a escribirlo que Jesús tuvo la reserva de que eso de maestro nunca lo podrán merecer, pues en ellos campean el engaño, la mentira, la falsedad y la hipocresía.

Finalmente, al terminar esta Pascua de Resurrección es conveniente leer con detenimiento y con mucho talento lo que encierran las escrituras, darle pase a la reflexión cristiana y examinar nuestra vida interior para determinar nuestro futuro terrenal, procurando que cada paso que demos nos deje convencidos de que estamos actuando de buena fe y que cumplimos con los preceptos cristianos del amor al prójimo y el recordatorio sublime de la alegría de saber que nuestro Dios nos cuida desde el cielo, que nos brinda el pan de cada día, que sabe perdonarnos, escucha nuestros ruegos. Y que está alerta nuestro querido Dios escuchando lo que le solicitamos y que como cristianos devotos, pedimos por la salud de los enfermos, auxiliamos a los desorientados y somos todos fervor y amor en el cultivo de los niños y el noble y cotidiano afán de una unión familiar en que tenga lugar sagrado la generosidad, la honradez, la verdad y la blanca página para escribir todo nuestro amor a Dios, al honor, a la lealtad, a la perseverancia, al trabajo, a la libertad a la misericordia y el agradecimiento como un vivero fértil para Dios nuestro creador. Así sea. El Autor es Miembro del Instituto de Estudio del Modernismo, de Valencia-Españ

COMENTARIOS

  1. chimoso
    Hace 13 años

    Practiquemos lo que predicamos. Dejad que nuestras acciones hablen por nosotros.

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