A través de la historia sabemos que el hombre siempre ha estado tentado de convertirse en dios o ha creado falsos dioses, egipcios, filisteos, mayas, aztecas etc. En la mayoría estos ídolos son de oro, plata, bronce, piedra, no tenían el sentido de la vista, oído, gusto, pero por la misma creación del hombre eran dioses que pedían sangre y sacrificios humanos como el dios Moloch o Baal. El pueblo obedecía ciegamente lo que los sacerdotes les decían en nombre de estos dioses falsos. Algunos pensarán que eso se debía a la ignorancia absoluta de las naciones, pero precisamente esta ignorancia era aprovechada por los que detentaban el poder para conseguir dominio y control total.
Naciones modernas con alto o bajo nivel cultural han creado nuevos dioses que también han pedido sangre y sacrificios como es el caso del gobierno de Stalin que mató a veinte millones de campesinos y Hitler que inició la Segunda Guerra Mundial muriendo millones de diferentes nacionalidades especialmente los seis millones de judíos. Esto sucedió en el siglo pasado, pero actualmente nos encontramos que hay hombres que han sido conquistados por las fuerza ocultas del mal y que siendo gobernantes en sus países, han querido convertirse en dioses encontrando fácilmente una cohorte que cegados por una ambición desarrollan un servilismo inaudito.
Tenemos el ejemplo del socialismo del siglo XXI, palabra hueca y llena de anacronismo que significa fracasos, violaciones, tiranías, porque si nos basamos en los resultados del socialismo o comunismo tenemos unos ejemplos tan evidentes como el estruendoso fracaso de la Unión Soviética, la Alemania oriental y otros más que dejaron solamente pobreza y destrucción. Resulta que el sistema socialista es un embuste grandioso plagado de la vanidad y soberbia de hombres que se creían inmortales. Por qué entonces llamar “socialismo del siglo XXI” con su contenido de revolución y rescate del hombre del imperialismo capitalista si aquel ha sido perjudicial para los pueblos que la han probado. Como el caso de Cuba, que antes de 1959 era una nación vigorosa con un acelerado desarrollo socio económico y se convirtió en lo que hoy es una muestra deplorable de lo que produce un socialismo o comunismo trasnochado. Entonces por qué Venezuela ha tomado como ejemplo a Cuba que nada bueno pueda mostrar ya que si no fuera por los petrodólares que la mantienen estaría en peores condiciones como están ahora.
El socialismo del siglo XXI es una amalgama de revolución izquierdista y al mismo tiempo capitalismo porque saben que el capitalismo ha sobrevivido a pesar de sus altibajos pero que sigue adelante aunque le llamen imperialista. A este socialismo inocuo e intangible se le debería llamar la revolución de los ídolos, porque precisamente los gobernantes que giran alrededor de los dólares de Venezuela, y siguiendo las pautas del sistema de ese país, se están convirtiendo en dioses con miles de seguidores que los adoran, que se inclinan fervorosamente ante ellos para conseguir algún beneficio.
Estos ídolos modernos convertidos en dioses por el designio que ellos mismos se han dado, reclaman como los antiguos sacrificios humanos. Esto es evidente en Cuba, lo fue en Nicaragua durante la década perdida y ahora de una forma subliminal o evidente sacrifican a los que no los veneran, irradian bondades solo para sus turbas, cortan todos lo elementos que significa democracia, controlan todos los poderes del Estado, restringen la libertad de expresión porque esta faceta es la que más temen por las denuncias que hacen los medios de sus tropelías. Los países que orbitan al reinado venezolano obedecen al dios mayor capitalista por las ventajas económicas que obtienen.
Ahora están empeñados en sustituir la OEA y especialmente a la Comisión e Derechos Humanos y convertirla en un ente que les favorezca, que no les señale sus constantes atropellos a la dignidad humana. Estas divinidades, lo que están haciendo es maquinando en contra de la democracia representativa, efectuando, según ellos, el combate contra el capitalismo con la nacionalización de empresas exitosas, devaluaciones, persecución a aquellos que no los idolatran y no observan como deterioran sus economías provocando desabastecimiento y escasez de bienes y servicios. Pero son ídolos de bronce con pies de barro que no los sostendrán por siempre. El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.
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