Gloria Picón Duarte
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Casi un mes ha pasado desde que 32 nicaragüenses aparecieron en Danlí, El Paraíso, en Honduras, pidiendo asilo político, porque en sus comunidades eran presionados y perseguidos por no comulgar con el Gobierno. Sin embargo hasta ahora el asilo no ha sido concedido por lo cual el excandidato a la Presidencia por la Alianza del Partido Liberal Independiente (PLI), Fabio Gadea y Edmundo Jarquín, además de demostrarles su solidaridad iniciarán gestiones con el Gobierno de Honduras para que se les otorgue el asilo.
Jarquín señala que “inequívocamente son perseguidos políticos” y que a pesar que son personas que no conocen personalmente están conscientes que los problemas en las comunidades iniciaron después de las elecciones “amañadas” del 2011.
Jarquín dijo que hoy estarán en Danlí saludando a los nicaragüenses y conociendo de cerca sus problemas y luego se movilizarán hacia Tegucigalpa para hacer gestiones ante las autoridades correspondientes para que les concedan el asilo.
Agregó que también realizarán gestiones con organismos no gubernamentales, organismos de derechos humanos y organizaciones empresariales, para que les apoyen con ayudas y empleos.
El excandidato a la vicepresidencia dijo que la visita de Gadea y de él es a título personal. Los nicaragüenses proceden de diferentes puntos de Nicaragua y recorrieron parte en bus y parte a pie por veredas para llegar a Honduras.
A criterio de Jarquín, todo empezó cuando esas comunidades, que respaldaron con entusiasmo y esperanza la candidatura de Gadea, se indignaron por el “fraude electoral en las elecciones de 2011 y jamás, jamás, como otros, aceptarán por válido y menos legítimo el exiguo 31 por ciento que el Consejo Supremo Electoral orteguista asignó a Fabio”.
LA PRENSA estuvo en Danlí días después de la llegada de los nicaragüenses y muchos de ellos relataron detalles de la represión a la que han sido sometidos, ya sea por los miembros del poder ciudadano o por la misma Policía Nacional, incluso en el grupo hay tres menores que aseguraron ser amenazados.
Para Jarquín hay una peligrosa indiferencia y resignación frente a los abusos del Gobierno que puede rayar en la complicidad, por lo cual hace un llamado para no formar parte de esa indiferencia.
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