Si la tesis de que la oposición de contrarios permite encontrar pistas para explicar la realidad social y política es cierta; creo, entonces, que el libro del doctor José Rizo, Confesiones de un vicario , proporciona muchas ideas sobre cuáles son las dificultades del liberalismo en Nicaragua.
Un elemento que marca el declive del liberalismo nicaragüense es su incapacidad para renovarse. Las estrategias y métodos que sirvieron para retornar al poder ya no son válidas. Dice el doctor Rizo que los liberales apostaron “a la mentalidad tradicional de polarización de nuestro pueblo, que conduce inequívocamente al bipartidismo del pasado”. Basados en la necesidad de reconstruir el bipartidismo recurrieron al “olfato y la piel, dos elementos de valiosa orientación en el mundo de la política ”
Qué podemos deducir de lo anterior, que hoy no es posible imponerle a toda la oposición los estrechos márgenes del bipartidismo en un contexto donde existe un solo partido hegemónico y el liberalismo ha perdido las energías integradoras y constructoras.
¿Quiénes deben conducir el partido liberal? En Nicaragua y en el liberalismo el problema ha sido, dice el doctor Rizo, que “brillantes inteligencias nacionales han estado al servicio de caudillos o dictadorzuelos locales”. Sin cambio de dirigentes no hay renovación. Los machetones y arrogantes deben ser desplazados y sustituidos. La consigna es la inteligencia al poder, pero no cualquier inteligencia, la inteligencia con racionalidad e intuición práctica para develar el presente y caminar al futuro.
¿Cuál ha sido el liderazgo que ha prevalecido? Según el doctor Rizo, el éxito político está determinado cuando se es: “carismático, (se tiene) memoria poderosa para recordar nombres para ser creíble y poder relacionarse con la gente humilde, buena oratoria, olfato político, trabajador, astuto y engañador”. Líderes así ya no son suficientes para dar vigencia al liberalismo. Muchos dirán que ese es el liderazgo que demanda Nicaragua. No obstante, ¿cuántas veces hemos fallado los nicaragüenses por ese camino? Todos sabemos la respuesta.
El problema de la unidad no puede estar referido, únicamente, a un problema aritmético que se resuelve juntando las partes del liberalismo para que renazca como el ave fénix. Peor aún, si se piensa que una de las partes del liberalismo se va a convertir en un todo. El liberalismo nicaragüense aparece ante las masas como heredero de una tradición perdida, vetusto y sin propuesta.
La mayoría de las reivindicaciones del liberalismo y la oposición contra el régimen de Ortega están concentradas en la defensa de las libertades políticas, fundamentales, en Nicaragua. Sin embargo, estas son incompletas. El liberalismo y la oposición deben hacer una propuesta económica y social nacida de las realidades del país para remontar el subdesarrollo. Más importante que la propuesta política es la propuesta económica. No se puede evadir que el orteguismo tiene una propuesta clientelista que ha cautivado a algunos sectores del país. Por tanto, la oposición debe planear alternativas a la propuesta del orteguismo, no solo criticarla en su falacia y oportunismo.
Entonces por qué no pueden unirse los liberales. Porque no han comprendido que el éxito del pasado ya no puede ser repetido con los mismos métodos. Que la gente no va a volcarse en su apoyo si no renuevan realmente su dirigencia; cambios cosméticos para que todo siga igual, ya no son posibles. Si quiere estar a la altura de los tiempos, deben proponer al país, no solo maniobrar políticamente. Se necesita sangre nueva y vieja para repensar el país, otro camino es una ilusión. El autor es politólogo.
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