Con su presentación en la Plaza de San Pedro y su homilía en este Domingo de Ramos, el papa Francisco ha continuado sorprendiendo al mundo, por su estilo campechano que prácticamente ya lo hizo una costumbre y por el contenido y trascendencia de sus mensajes verbales.
Como se recordará, en su primera homilía tras asumir la función pontifical el nuevo papa llamó a la humanidad a desterrar el odio, la envidia y la arrogancia. Y exhortó a los creyentes, en particular a los católicos, a no cansarse de pedir perdón a Dios porque Él no se cansa de perdonar.
En esa ocasión Francisco también advirtió que el poder, para ser ético y racional se tiene que ejercer como un servicio, en primer lugar servicio a la gente más pobre, humilde y débil de la sociedad. Este planteamiento del primer papa latinoamericano se deriva sin duda de su pleno conocimiento acerca de cómo se ejerce el poder en muchas partes del mundo, y en su propio continente de origen: con ostentación y egoísmo pero también con prepotencia, arrogancia, autocratismo y desmedido afán de lucro particular.
Al comentar en este espacio editorial el primer discurso del papa Francisco y vincularlo con la previa renuncia al poder pontifical de su antecesor, el ahora papa emérito Benedicto XVI, expresamos que a nuestro juicio ese mensaje papal estaba dirigido a situaciones como la de Nicaragua, este pequeño “país del fin del mundo” donde el gobernante ha vaciado de su contenido a las instituciones democráticas, ha violado la Constitución, ha vulnerado las leyes y atropellado los derechos humanos, para imponerse en el poder y mantenerse arriba como sea.
Ahora, en su homilía del recién pasado Domingo de Ramos el papa Francisco denunció la corrupción y la sed de dinero, advirtiendo sobre las injusticias y divisiones que se derivan de esas actitudes y prácticas perversas.
Por supuesto que esta otra denuncia de Francisco —de la corrupción y sed de dinero— también alude a Nicaragua, donde hay una inmoral acumulación de riquezas en manos de las pocas personas que detentan el poder o están asociadas a él. El mensaje del papa necesariamente concierne a quienes han aprovechado el erario para construir un imperio mediático, a las personas que ocupan altos puestos públicos no para servir sino para servirse, los que se construyen asombrosas mansiones y adquieren flotillas de vehículos de lujo. El mensaje del papa se refiere sin duda a un país donde hay más ultrarricos que en los otros de Centroamérica, a pesar de ser el más pobre y el que tiene la economía más pequeña.
Pero el papa Francisco no solo ha denunciado la corrupción y la insaciable sed de riqueza de esos personajes codiciosos y poderosos. También les recordó que al final de su tiempo tanta riqueza no les servirá para nada, porque la mortaja no tiene bolsillos y nadie se puede llevar al más allá lo mal habido en este mundo. “No se dejen robar la esperanza Nunca se dejen vencer por el desánimo Jamás tenemos que acostumbrarnos al mal”, clamó el papa Francisco en su homilía del Domingo de Ramos en el Vaticano. Sabia y oportuna recomendación que no podemos dejar de atender.
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