Ledia Gutiérrez
Psicóloga Clínica
La vida es un continuo de altos y bajos, de éxitos y fracasos, de pérdidas y ganancias. Y en esos avatares en que a todos, en algún momento de la vida, nos pasa algo fatal e irreparable, creemos que hasta ahí llegó nuestro destino, porque sentimos que las fuerzas no dan para más, y lo que se quiere es morir.
Pero es aquí donde debemos tener garras para volver a empezar. En mi oficina tengo un pensamiento, por cierto adornado con un paisaje muy tierno, que reza así: “Aunque todo se termine, aunque el mal sea tu paga, aunque todos te traicionen…” y así sucesivamente hasta que al final dice “aunque todo parezca nada, vuelve a empezar”. Y yo observo cómo los pacientes se llenan de fuerzas con esta lectura, porque aún en medio de la hondonada siempre habrá un nuevo amanecer,
Tenemos que renovar nuestros pensamientos. El anhelo de vivir tiene que ser tan fuerte que nada nos destruya. Si algo nos tumba al suelo de bruces, saber cómo levantarnos, apoyarnos en la fe. Los cristianos tenemos la grandeza de contar con la ayuda divina del Dios vivo. Él es nuestro sustentador y no nos dejará. Esta búsqueda debe ser constante, permanecer despiertos, listos para saber pasar cada una de las luchas que nos toca. Será siempre como las olas del mar, que van y vienen. Así es la vida, llena de dificultades, pero son estas las que nos hacen más firmes, más fuertes. Nosotros también debemos vivir intensamente cuando nos toca reír, disfrutar cada oportunidad que la vida nos depara. Siempre, aunque todo parezca nada, ¡vuelve a empezar!
Hasta el próximo lunes. Los invito a compartir comentarios y dudas.
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