Por Juan Carlos Ampié
Después de quemarme con La Era del Hielo 4 , estaba firmemente sumido en agotamiento prehistórico. El prospecto de ver Los Croods se presentaba como una especie de castigo cósmico. Las escenas promocionales vaticinaban los dos ingredientes de la animación infantil de principios de siglo XXI: acción frenética y una trama de escarmiento a un padre sobreprotector. Como si Los Picapiedras se cruzaran con… pues, La Era de Hielo 4 . Nada mejor que descubrir cuán equivocado puedo estar con una película.
La vida es dura en la prehistoria de Los Croods . Se va entre cazar y buscar refugio, con énfasis en refugio. La estrategia del padre Grug (Nicolas Cage) implica encerrarse en una oscura cueva todo el tiempo. La rutina no le molesta a su esposa Ugga (Catherine Keener), su hijo Thunk (Clark Duke), la suegra Gran (Cloris Leachman) y una balbuceante bebé. Pero sí exaspera a su hija, Epp (Emma Stone), una adolescente hambrienta de nuevas experiencias. Una noche, un destello de luz a través de una rendija, la lleva a descubrir dos grandes agentes de cambio: el fuego y el amor, encarnado por Guy (Ryan Reynolds). El pretendiente es el menor de los problemas de Grug. La tierra se mueve bajo sus pies, literalmente. Las masas continentales se reacomodan, y los Croods tendrán que abandonar su cueva o extinguirse.
Demasiadas películas pretenden mantener la atención del público abusando de secuencias de acción frenética. Los filmes para niños son particularmente susceptibles a esto. Los Croods tiene sus momentos de anarquía en movimiento, pero también recurre a la observación y el ritmo variable de la acción para contar su historia. No todo es una rocambolesca persecución, conectada por destellos de diálogo expositivo. Tome nota de las silenciosas secuencias en que Eep trata de disfrutar el último destello de sol mientras el padre la llama desde lejos; y como esa secuencia tiene una especie de reflejo momentos después, cuando descubre las brillantes cenizas que flotan como pequeños soles despedidos por la antorcha de Guy. Todo lo que tiene que saber sobre el conflicto del padre desplazado por el novio queda implícito con claridad emocional.
El guión de los también directores Kirk Sanders y Chris Damico añade otro interesante giro a la trama al concebir a Guy como un cavernícola más evolucionado que los Croods. Eso añade otro nivel de ansiedad a la competencia con el padre, y convierte el incipiente romance en uno de esos amores que superan diferencias fundamentales. En esta época no hay barreras de dinero o abolengo. Lo más decisivo es la capacidad de usar la mente y no la fuerza. La película refuerza esta idea a través de la caracterización. Tome nota de las diferencias en la fisonomía de Guy con respecto a los demás. También en el comportamiento. Eep tiene mucha fuerza física, y es pronta a recurrir a ella cuando se siente amenazada o en desventaja. El argumento es tremendamente cuidadoso a la hora de manejar los roles de género, logrando coherencia entre el mundo que retrata y la sensibilidad contemporánea. También encuentra un balance perfecto entre la tontería cómica y el sentimentalismo.
La película está bellamente diseñada. Plantas y animales son extraños y familiares a la vez. Verlos sucumbir ante el cataclísmico movimiento terráqueo le da a toda la empresa un punto de melancolía. Casi me da lástima no haberla visto en 3D. El virtuoso director de fotografía Roger Deakins fue consultor en la película, y su influencia se nota. Trate de verla en versión original en inglés con subtítulos en español. Además, Nicolas Cage tenía años de no dar una actuación tan buena como esta.
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