Ciudad del Vaticano/EFE
El papa Francisco denunció ayer que, además de la pobreza material, en el mundo hay una pobreza espiritual que afecta “gravemente” a los países considerados más ricos. “Es lo que mi predecesor, Benedicto XVI, llama la dictadura del relativismo, que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres”, denunció.
El jueves Santo en lugar de dar la misa en la basílica de San Juan de Letrán, lo hará en el reformatorio de menores de Casal del Marmo, afuera de Roma.
El Viernes Santo presidirá en la basílica de San Pedro la Pasión del Señor y, por la noche, acudirá al Coliseo de Roma para el Vía Crucis. El sábado celebrará en la Basílica de San Pedro la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección, oficiará la Misa de Resurrección e impartirá la tradicional bendición Urbi et Orbi.
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El sumo pontífice recibió ayer en la sala Regia del Vaticano a los embajadores de los 180 Estados con los que la Santa Sede tiene relaciones diplomáticas, ante los que resaltó que a la Iglesia le preocupa la paz y el bienestar de los hombres de la Tierra.
Además, exhortó a intensificar el diálogo entre las distintas religiones, especialmente con el islam, y con los no creyentes. Con estos últimos “para que nunca prevalezcan las diferencias que separan y laceran, sino que, no obstante la diversidad, predomine el deseo de construir lazos verdaderos de amistad entre todos los pueblos”.
Contó que eligió el nombre de Francisco pensando en el santo de Asís, apreciado por creyentes y no creyentes, y por el amor que tenía a los pobres y la defensa de la creación.
“¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! Y ¡cuánto sufrimiento afrontan estas personas! La Iglesia siempre ha tratado de proteger en todos los rincones de la Tierra a los que sufren por la indigencia, y en muchos de vuestros países podéis constatar la generosa obra de esos cristianos que se esfuerzan por ayudar a los enfermos, a los huérfanos, a quienes no tienen hogar y a todos los marginados, construyendo una sociedad más humana y más justa”, dijo.
El papa abogó ante los diplomáticos por construir la paz, pero advirtió que no puede haber verdadera paz “si cada uno reclama siempre y solo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta Tierra”.
Tras recordar que uno de los títulos del Obispo de Roma es pontífice, “es decir, el que construye puentes, con Dios y entre los hombres”, exhortó a construir puentes entre todos los hombres, “de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo”.
El papa pidió un “profundo respeto” por toda la creación, la salvaguardia del medioambiente, “que demasiadas veces no lo usamos para el bien, sino que lo explotamos ávidamente, perjudicándonos unos a otros”.
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