Orates teócratas

El mundo conmemoró con silencio y olvido el 75 aniversario de la invasión de Austria por las huestes hitlerianas de la Wehrmacht un 12 de marzo de 1938, ante las tímidas protestas de las potencias de la época —Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Rusia—, que habían bajado la cerviz cuando el Führer desafió a la comunidad internacional al adueñarse de su país natal. Esta era una flagrante violación al Tratado de Versalles de 1919 (que puso fin a la Primera Guerra Mundial), que prohibía expresamente en una de sus principales cláusulas la unión o anexión (Anschluss) de Austria a Alemania.

El silencio cómplice de Europa ante la política de erosionamiento gradual del candado aplicado a Berlín por las potencias victoriosas en Versalles fue decisivo para alentar a un enardecido Hitler a desmontar poco a poco las prohibiciones que habían sido impuestas a la Alemania imperial, empezando por la ocupación del territorio del Sarre, la remilitarización del Ruhr, la anexión del territorio checo de los Sudetes hasta culminar con la violenta anexión de Austria y la ocupación de Checoslovaquia en 1939, no obstante que, por los Acuerdos de Múnich de 29 de septiembre de 1938, Hitler se había comprometido ante los plenipotenciarios de Gran Bretaña, Francia e Italia a respetar la integridad territorial de Checoslovaquia. Todas estas acciones fueron envalentonando al Führer en su política de borrar totalmente la “afrenta de Versalles” una vez que tuvo el visto bueno de su aliado Mussolini, quien le aseguró que no intervendría para obstaculizar la política expansionista alemana. La suerte del mundo estaba echada y luego de la firma del Pacto Ribbentrop-Molotow el 23 de agosto de 1939, que aseguraba la neutralidad y el entendimiento con la Unión Soviética, el camino estaba despejado para que las tropas del orate Hitler cruzaran la frontera polaca el 1° de septiembre de 1939 dando así inicio a la Segunda Guerra Mundial.

La indiferencia de las potencias en 1938 vuelve a repetirse en la actualidad, cuando vemos cómo el silencio de la OEA avaló todas las arbitrariedades del régimen chavista y permitió las violaciones reiteradas al Estado de Derecho en la República de Venezuela, al punto de hacer totalmente prescindibles los mandatos de la Constitución Política, merced a las interpretaciones antojadizas de un complaciente y sumiso poder judicial, al igual que ha sucedido con la dictadura hereditaria de los hermanos Castro en Cuba desde hace 54 años, lo mismo que acontece con las amenazas del teócrata y hereditario presidente de la dinastía de los Kim en Corea del Norte, que desafía las sanciones decretadas por las Naciones Unidas y amenaza con un ataque nuclear a los Estados Unidos y a la República de Corea, con la que rompió unilateralmente el armisticio firmado en 1953 al término de la guerra que ensangrentó durante tres años a la península coreana.

Los dictadores siguen la línea de dirigentes políticos que han sido verdaderos azotes de la humanidad, como Vladimir Lenin, Iosif Stalin, Benito Mussolini, Leonid Brezhnev, Josip Broz Tito, Nicolae Ceaucescu, Erich Honecker, Imre Nagy, Ho Chi Minh, Mao Tse Tung, Saddam Hussein, Omar Gadafi, Osama Bin Laden, Mohammed Ahmadinejad, Baschar Al-Assad, Leónidas Trujillo, Francois Duvalier (Papa Doc), Fulgencio Batista, Alfredo Stroessner y una larguísima lista de violadores de los derechos humanos, que se han creído indispensables, irremplazables e “iluminados” por designio de maquiavélicos dioses para atormentar a sus pueblos.

¿Qué cabe pensar de un gobernante orate y teócrata como Ahmadinejad, que declara “urbi et orbi” que borrará del mapa al Estado de Israel. ¿Pensará, por ventura, que el Estado judío se quedará de brazos cruzados y aguardará resignado a que el desquiciado dirigente islámico haga realidad sus amenazas? Y tanto Corea del Norte como Irán son miembros de las Naciones Unidas y están, por consiguiente, obligados por la Carta de San Francisco a abstenerse de todo acto que pueda comprometer el objetivo primordial de la Organización: promover la paz y la seguridad internacionales.

El silencio aquiescente de Neville Chamberlain y Édouard Daladier en 1938 alentaron a Hitler a transitar por el camino de la locura, que finalmente sumió al mundo en una catástrofe sin precedentes. No debemos permitir que la historia se repita. Las Naciones Unidas cuentan con los instrumentos jurídicos y los medios necesarios para hacer entrar en razón a los teócratas que amenazan irresponsablemente con provocar la destrucción del planeta y la desaparición del ser humano de la faz de la tierra. El autor es diplomático, fue embajador de nicaragua en chile.


COMENTARIOS

  1. Manuel José
    Hace 14 años

    Entonces que comiencen con Estados Unidos que la mayoría de sus líderes son quienes comenzaron invasiones en los países, y ademas le falto añadir a Bush padre e hijo en su lista.

  2. Edwin Sequeira
    Hace 14 años

    Excelente articulo, lleno de acontecimientos historicos muy bien documentados; el unico fallo, es que le falto nombrar como dictadores a los Somoza, y que de milagro no le cayeron los criticos orteguistas por esa omision.

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