Según el diccionario “mentir es decir algo que no es verdad con intención de engañar”.
La mentira es manejada por cada persona de diferentes formas y cuando está consciente de conseguir un objetivo para beneficio propio en perjuicio de otro se convierte en un ser indigno e inmoral.
Se miente por muchas razones, por conveniencia, odio, envidia, egoísmo y muchas personas lo hacen por costumbre necesaria para cubrir su mediocridad, pero siempre esta forma de actuar es despreciable y por algo está escrito: “No levantar falsos testimonios ni mentir”.
La mentira es castigada, porque cuando un testigo da un falso testimonio es penado por la ley humana y divina. Se dice que todo el mundo miente, pero este enunciado lo manejan los mentirosos para encubrir su aberración.
La mentira puede devenir en tragedias, como el caso de propalar que tal persona es la que mató a otra o que alguien le es infiel a su pareja siendo falso y consecuentemente los involucrados o quedan desprestigiados o se llega a situaciones trágicas.
Considero que todos estarán de acuerdo conmigo que la mentira es uno de los peores defectos del ser humano, sobre todo, la mentira dicha con el único propósito de obtener un beneficio personal en perjuicio de otros.
La mentira dura mientras no salga a luz la verdad, lo que significa que la mentira no es infalible y no puede ocupar el lugar de verdad por siempre porque mientras esta es brillante y pura, aquella es tenebrosa y demoníaca.
El hombre es tan hábil que maneja la mentira tantas veces que al final cree él mismo que es verdad y como decía Joseph Goebels, el artífice de la propaganda nazi y que era naturalmente del agrado de Hitler, que “una mentira repetida mil veces se transforma en verdad”.
Es nefasto hombre de retórica malévola que su Dios era Hitler y que a base de mentiras introdujo el nazismo que deseaba su Jefe, es copiado actualmente en el mundo de la política, sobre todo, por aquellos regímenes dictatoriales que pregonan las bondades mentirosas del endiosado dirigente que se quiere quedar por siempre en el poder diciendo mentiras a granel como existen hoy en día nuestro continente, especialmente en América del Sur. Cómo es posible que Nicolás Maduro haya expresado que al morir Chávez y estar ante Cristo debe haber influido para que un papa sea latinoamericano; una aseveración irreverente y blasfema que ni siquiera los seguidores del destructor de Venezuela la deben de creer.
Aquí mismo en nuestra pobre nación se dicen mentiras como el programa Hambre Cero que no resuelve ni un milímetro de la pobreza de nuestro pueblo, porque si se quiere combatir esta, por qué no le proporcionan los insumos necesarios para que trabajen, produzcan, vendan y obtengan utilidades que puedan usar para remediar su degradante pobreza, puedan adquirir elementos como equipos, tierra, y se conviertan en un periodo corto en medianos y grandes agricultores.
En la década de los setenta, como se manejaba el crédito rural adecuadamente llegaron 4,800 pequeños agricultores a usar el crédito bancario. En vez de llegar a las oficinas del banco a caballo ya habían comprado vehículos motorizados de trabajo, habían cercado sus fincas y naturalmente aumentado sus ingresos y su capital. Todo esto fue confirmado por el Banco Interamericano de Desarrollo, en un encuesta hecha por ellos mismos, ya que ellos habían financiado al Crédito Rural con US$$12 millones en sus principios. Esto es auténtica verdad y nunca el banco ni el Gobierno emplearon la mentira.
La mentira es el recurso preferido de los gobernantes espurios, pues dicen y pregonan cosas que son medias verdades medias mentiras, las cuales desgraciadamente son creídas por el pueblo ansioso de obtener algún beneficio sea físico o económico que al final de cuentas no viene a resolver sus necesidades. Los gobiernos pregonan que luchan porque no haya pobres, pero lo que sucede realmente es su afán por convertir a sus allegados aduladores y mentirosos en nuevos ricos y por supuesto en nuevos burgueses como ellos llaman al capital productivo, pues al destrozarlos destrozan la estabilidad económica del país.
La gente odia a los políticos mentirosos y a los burócratas que también lo son. El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN
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