El palimpsesto argentino

Guillermo Lousteau

El diccionario de la Real Academia española define al palimpsesto como “un manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente”. La literatura lo usa, aunque raramente, para referirse a un mensaje oculto dentro de un texto que dice otra cosa.

Es en este último sentido donde puede ubicarse a la declarada intención de Cristina Kirchner de “democratizar la justicia”. Fuera de lo que democratizar la justicia puede querer expresar, lo que manifiestamente se propone la presidenta argentina es domesticar al poder judicial. Es bueno recordar que la Corte Suprema argentina fue definitivamente conformada por Néstor Kirchner, con el asentimiento y hasta el aplauso de la sociedad, y que las designaciones que hizo estaban avaladas por el nivel de los candidatos propuestos. También es oportuno recordar que el 54 por ciento de los jueces actuales fueron nombramientos hechos por el matrimonio Kirchner y que todavía hay designaciones pendientes demoradas por la presidenta.

¿Qué es lo que la lleva a arremeter ahora contra el poder judicial? En lugar preponderante entre las motivaciones se encuentra su lucha contra los medios de prensa críticos. Lo que nos lleva —una vez más— a desmentir el lugar común de que “lo primero que ataca un gobierno autoritario es la prensa independiente”.

Si se analizan los procesos de los gobiernos autoritarios queda claro que no es así. En realidad, la prensa se pone bajo ataque una vez que han sido copadas las otras instituciones, especialmente el Congreso y el poder judicial. Con un poder judicial independiente, ni Rafael Correa ni Hugo Chávez hubieran sido o serían el peligro que hoy representan para los medios de comunicación.

No es casual ni accidental que Cristina Kirchner la emprenda contra la justicia argentina después de su fracasado “7D” (7 de diciembre), día en el que esperaba desmembrar definitivamente el grupo Clarín, cuando una decisión del poder judicial (para algunos sorprendente), la frustró. Su verdadero enemigo es la prensa libre, y los jueces son los que, a su criterio, se interponen en su camino.

La disputa entre los gobiernos y los medios de comunicación es algo perfectamente natural y comprensible, dado sus roles respectivos. A ningún gobierno le gusta la crítica del periodismo. La diferencia entre un gobierno democrático y otro autoritario es, precisamente, la contención que las limitaciones constitucionales —como la separación de poderes o la independencia del poder judicial— implican para el libre ejercicio del periodismo o las garantías individuales.

Un gobierno de izquierda, por lo que esta nomenclatura pueda significar hoy, como el de Dilma Roussef, acaba de negar cualquier iniciativa legislativa para limitar a los medios de comunicación. Es posible, también, que la presidenta de Brasil, piensa que en su lucha contra la corrupción, la prensa es su aliada y no su oponente. Cosa diferente de lo que ocurre en países como Ecuador, Venezuela o Argentina, por ejemplo.

Como tantas otras veces, el ataque a la democracia, a la libertad y a las instituciones viene envuelto en paquetes edulcorados: la lucha por la inclusión, por la igualdad y contra la pobreza. Ahora es por la “democratización” de la justicia. Tal vez ha llegado el momento de que le demos contenido a nuestra defensa de la democracia y reclamemos la vigencia de sus instituciones concretas, tales como la independencia de la justicia y la libertad de prensa, que son los baluartes últimos de la vida republicana, en peligro real en la Argentina.

Para saber lo que quieren significar por democracia estas confrontaciones, no hay más que estudiar los regímenes bolivarianos, tan afectos al kirchnerismo: sujeción al poder, sin limitaciones, en nombre de una mayoría —hipotética o real— que permita avasallar a los elementos que hacen a la democracia real y caracterizados, entre otras fuentes, por la Carta Democrática Interamericana.

No es la primera vez que se da en la historia. Y ya sabemos cómo terminan. El autor es Presidente del Instituto Interamericano por la Democracia. ©FIRMAS PRESS

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