AGENCIAS
En la recepción, celebrada en la imponente Sala Clementina, el pontífice invitó también a los purpurados a “buscar nuevos métodos de evangelización” para llegar “a todos los confines de la Tierra”.
Vestido con una sencilla sotana blanca, el papa se saltó el guión en varias ocasiones, como cuando se refirió a su “poeta preferido”, Friedrich Hölderlin, para hacer un elogio de la “vejez”, la suya y la del resto de los cardenales, que comparó con “el buen vino que mejora con los años”.
En sus palabras, llenas de agradecimientos, Francisco rindió homenaje a su predecesor Benedicto XVI, calificó de “valiente y humilde” su renuncia y aseguró que su pontificado será “un patrimonio espiritual para todos”.
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La reacción de Fernández a su elección para el trono de San Pedro ha sido fría, aunque respetuosa, en contraste con el júbilo de los argentinos.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, católico practicante, expresó ayer al anunciar su participación en la entronización del papa, que su elección “es una buena nueva increíble para América Latina” y dijo tener “mucha fe” y “mucha esperanza” en él.
El presidente inconstitucional Daniel Ortega se siente “identificado” con Bergoglio, al que manifestó “amor y respeto” y del que destacó “la serenidad, la humildad, la naturalidad y el aplomo”.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, transmitió al papa Francisco su voluntad de reforzar relaciones con la Santa Sede basadas en “el respeto mutuo”.
El presidente cubano, Raúl Castro, quien estudió con los jesuitas y ha encontrado en la Iglesia católica un interlocutor privilegiado, manifestó al nuevo papa “su más alta y distinguida consideración”.
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Jorge Mario Bergoglio, el primer papa latinoamericano, Francisco, de 76 años, ha impuesto un estilo innovador, más accesible, sencillo y directo, en gestos y en discursos que el de su predecesor Benedicto XVI, el papa teólogo, en apenas cuatro días de su pontificado.
Aunque su inicio como papa se ha visto afectado por una polémica que estalló en Argentina, su país natal, en torno a si el pontífice —que en la última dictadura militar de este país (1976-1983) era solo el jefe de los jesuitas—, hizo lo suficiente para proteger al padre Francisco Jalics y el religioso Orlando Yorio, secuestrados y torturados por esa dictadura, retomada por los diarios de todo el mundo.
El ruido en torno a la figura de Bergoglio y su presunta connivencia con el gobierno de facto argentino de 1976 a 1983, llevó al Vaticano a desmentir esas informaciones que definió como “calumniosas y difamatorias”. El padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano, aclaró ayer que “la campaña” contra Bergoglio “es conocida, se refiere a hechos de hace mucho tiempo y ha sido promovida por una publicación que en ocasiones es calumniosa y difamatoria”, refiriéndose al diario argentino Página 12, al que acusó de ser “de izquierda anticlerical” y en particular a una de sus principales plumas, Horacio Verbitsky, autor de varios libros sobre el tema.
Según testimonios citados en esos libros los dos jesuitas fueron secuestrados después de que Bergoglio les quitara la licencia religiosa para predicar en una zona marginal de Buenos Aires. El padre Jalics, un húngaro afincado en Alemania, explicó ayer en un comunicado que está “reconciliado” con el pasado y que le desea la “bendición divina” al nuevo pontífice.
El propio Bergoglio siempre negó cualquier implicación en el caso e insistió en que abogó por su liberación ante el entonces jefe de la Junta Militar que gobernaba Argentina, Jorge Videla. En el libro de entrevistas El Jesuita , de Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, Bergoglio asegura que “no los eché de la congregación ni quería que quedaran desprotegidos”.
EL PAPA DE LOS POBRES
Tras ocho años de pontificado, marcados por los escándalos, el cónclave eligió esta vez a un cardenal-misionero que hasta ahora ha cumplido sus votos de pobreza, utilizado el transporte público, cocinado y visitado a sus fieles incluso en las zonas más desheredadas.
Su ejemplo de humildad y esa cercanía con los más necesitados sigue hoy más vivo que nunca en las villas de la periferia de Buenos Aires, los barrios más pobres de la capital argentina que Bergoglio solía visitar varias veces al año.
Ayer el papa se presentó en el hospital Pío XI para visitar al cardenal argentino Jorge Mejía, de 90 años, quien tuvo un infarto y, aprovechó para saludar a los otros enfermos y familiares, y al personal en 45 minutos que permaneció en el centro.
“Me ha tocado las manos y las ha bendecido diciendo eres joven y con un gran futuro”, explicó luego en la televisión el cardiólogo Marco Miglionico, diciendo que había sido “muy bonito y muy humano”.
Una monja, sor Clotilde, citada también por los medios, señaló que “cuando uno lo ve dan ganas de abrazarlo”.
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