El Vaticano/AP
El cónclave elige a un papa y al jefe del Estado independiente más pequeño del mundo, gobernado por los sumos pontífices.
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En el siglo V, ocaso del imperio romano, Roma fue saqueada por los invasores del norte. Los papas la reconstruyeron y gobernaron más o menos interrumpidamente 14 siglos. “Roma nunca olvidó esta herencia de protección oficial que brindaron los pontífices”, explicó Ralf van Bühren, profesor de historia del arte y arquitectura de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma.
Desde Roma, los papas también llamaron a las cruzadas para instaurar la cristiandad. El nacimiento de Italia en el siglo XIX con la unión de los reinos de la península abrió un paréntesis para la Iglesia, que se cerró con la firma del tratado de Letrán en 1929, que dio origen al Vaticano.
Entre las huellas más importantes que los papas han dejado en Roma está la del papa Sixto V (1585-1590), quien institucionalizó la tradición, aún viva de visitar a pie en un solo día siete basílicas entre ellas la de San Pedro, basílica de San Pablo Extramuros, basílica de San Sebastián de las Catacumbas, basílica de la Santa Cruz de Jerusalén y basílica de Santa María la Mayor.
También está la Plaza de España, cuyo nombre es por la cercanía de la embajada española ante la Santa Sede. Su famosa escalinata de 135 peldaños fue inaugurada por el papa Benedicto XIII en 1725. En 1856, el papa Pío IX mandó colocar la enorme columna con la estatua que representa el dogma católico de la Inmaculada Concepción de María”.
El Palacio de Letran y Via de la Conciliazione, construido por el papa Sixto V, fue escenario de los pactos de Letrán entre Italia, gobernada por el dictador Benito Mussolini, y la Santa Sede. El papa Pío XI renunció a cualquier posesión sobre Roma, salvo el control de determinadas iglesias. Como prueba de ese entendimiento, se construyó la famosa calle que conecta a Roma con el Vaticano, bautizada como vía de la Conciliazione (conciliación).
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